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26 abril, 2023

Mariana Stivanello: “Mi noche oscura del alma me volvió más compasiva, empática y humilde”

La médica psiquiatra compartió su historia de vida a los efectos de animar a otros a recorrer el camino del autoconocimiento y la sanación. Asegura que nuestra mente inconsciente guarda heridas y traumas, que es necesario sacar a la luz para entender lo que nos pasa y dejar de repetir viejas historias familiares y personales.

MARIANA STIVANELLO. “La verdadera sanación reside en transitar los duelos que no fueron elaborados”.

Por Claudia Cagigas

La noche oscura del alma es una metáfora nacida en el XVI, que tiene que ver con una crisis existencial donde no se avizora futuro sino oscuridad. Se dice que todos atravesamos al menos una en nuestra vida, pero puede que varias también… “Vacío, soledad, incertidumbre, sensación de tristeza, desolación, crisis de ansiedad, de pánico, desconexión con la vida”, son algunas de las características, según indicó la médica psiquiatra, Mariana Stivanello, en el programa EL ESPEJO (Itel Radio 91.9 y Canal 2 de Itel). “Hay personas que tienen los recursos internos necesarios y salen solas, pero muchas otras entran en una especie de depresión crónica donde permanecen mucho tiempo. Durante mi propia noche oscura me sirvió buscar ayuda, profesionales que me pudieran acompañar y guiar”, dijo.

La noche oscura del alma de Mariana

La noche oscura del alma de Mariana comenzó a los 18 años, cuando se fue a estudiar Medicina a Villa Libertador General San Martín. Hasta ese momento no había señales aparentes de que algo anduviera mal. No obstante, la oscuridad llegó. “Comencé con un miedo absurdo, irracional, crisis de ansiedad al punto de somatizar en el cuerpo. Alergias, gastritis y alguna que otra vez no puede presentarme a rendir un examen de tan intenso que era ese dolor. Fueron procesos extremadamente fuertes donde parecía que se me apagaba la batería, quería estar sola, no tenía ganas de hacer nada, sentía tristeza, vacío, no dormía bien, no conseguía explicar lo que me pasaba”.

Pese a todo, hay algo que tenía en claro: quería ser médica.

Las capas de una cebolla: qué hechos condujeron a ese pozo oscuro

“Recordemos que nuestra personalidad se estructura desde que nacemos hasta los siete años más o menos. Entonces, las experiencias de vida a nivel familiar, los traumas que todos tenemos en mayor o menor grado, van a condicionar nuestra vida de adultos”, subrayó, como para ayudar a entender la gestación de su propia noche oscura del alma.

En esa época crítica -que abarcó todo el tiempo de Facultad- Mariana inició terapia y pudo tomar consciencia de cuestiones que habían sucedido en su infancia y que habían quedado almacenadas en su mente inconsciente: la despedida de su casa natal en Colonia Alemana a los once años de edad para venir de pupila al Colegio de Monjas de Chajarí a los efectos de seguir con sus estudios secundarios; el alejamiento de la vida familiar en el campo al amparo de papá y mamá; la vida como pupila acatando las normas que imponía la institución… Cuenta que si bien a nivel consciente no vivió esa situación como un trauma, sí a nivel inconsciente, según pudo darse cuenta años más tarde. Y a tal punto el trauma se instaló, que hasta el día de hoy, cíclicamente necesita mudarse de ciudad.

Otro aspecto que refiere en su historia, es el lugar que ocupa en la cantidad de hermanos. “De parte de mi mamá y mi papá soy la segunda hija. No fui deseada ni programada. Cuando nací ya tenían a mi hermana que parece que lloraba bastante y daba bastante trabajo, así que no esperaban otro hijo”. Después vinieron otros hermanos. “De esa época tengo recuerdos de mi vieja haciendo 20 millones de cosas, dedicándose a la casa, a cocinar, lavando la ropa -porque en ese momento no existían lavarropas automáticos- y con dos hijos chiquitos que parecían gemelos…. Vengo de una familia típica donde el hombre sale a trabajar para conseguir el sustento para mantener a su familia, entonces no había una presencia afectiva, emocional o de apoyo”.

Desde su formación en la Nueva Medicina Germánica, Mariana Stivanello sostiene que “en algún momento de nuestra vida las memorias se actualizan y hacen que las repitamos cuando crecemos. Hay personas que de adultos se casan, tienen hijos, pero siguen sintiendo vacío, tristeza, crisis de ansiedad, insomnio o pánico. Para cada uno ese proceso es diferente, por eso está bueno comenzar a revisar la infancia, la concepción, el embarazo de mamá, cómo fue el nacimiento…  Y aquí confluye también lo de nuestros ancestros, lo que sucedió a nivel familiar que también marca nuestra vida”.

Para ejemplificar la influencia de la cuestión ancestral en su vida, sostuvo: “En la época de Facultad empecé con depresiones e hice depresiones super profundas.  Entraba en procesos muy para adentro, con pensamientos muy negativos y catastróficos. Estaba desconectada con la vida y conectada con la muerte”.

PODES VER LA NOTA CON MARIANA AQUÍ.

Pese a tanto malestar, se recibió de médica y siguió transitando el camino de la búsqueda personal y de la sanación. “Transitando ese camino fui encontrando que en mis ancestros también había depresiones, traumas, cuestiones que habían pasado más atrás y que me voy a reservar para resguardar la intimidad de otras personas. Pero hubo algo puntual que me marcó profundamente: el suicidio de mi padrino cuando yo tenía nueve años. Mi padrino era hermano de mi papá y estaba atravesando una crisis super profunda cuando tomó esa decisión. Ese hecho dividió la familia, la desintegró. Yo tenía una relación afectiva muy grande con mis padrinos y los perdí a ambos porque a mi madrina recién la volví a ver a los 15 años… Entonces, este dolor, esta noche oscura está conectada con algo que viene de más allá, como si inconscientemente estaba siguiendo a alguien en la muerte… Mi depresión también conecta con eso”.

Apelando a Bert Hellinger -el creador de las Constelaciones Familiares-, Mariana Stivanello explica que “cuando una persona se suicida, cuando hay un aborto, un niño que nace y muere, o un integrante del clan familiar que muere por algo trágico, hay un proceso de exclusión. El dolor es tan fuerte, que no se habla de eso porque duele demasiado”. En el caso de su propia historia, entiende que, de alguna manera, su alma buscaba una reparación, una compensación de ese hecho traumático. Y en el caso de su padrino, interpreta que no sirve buscar culpables, sino entender que “él, a su vez, estaba en resonancia con otro hecho que pasó más atrás y que probablemente estaba compensando”.

Todos estos traumas “no se resuelve en la mente, la mente es importante para entender, pero la verdadera sanación reside en pasar por este dolor, transitar los duelos que no fueron elaborados. Todo esto tienen que pasar por el cuerpo, se tiene que sentir. Estamos todo el tiempo evitando, metiendo la cabeza en las redes sociales, en las adicciones, en el trabajo en exceso. Son fugas para no entrar en el dolor. Tampoco sirve esto de irse, de hacer un viaje, separarse huyendo de algo; eso no es una solución porque es llevarme el conflicto, arrastrarlo, tal vez podés descomprimir una tensión, pero en algún momento vas a sentir algo y vas a tener que ir para adentro. En algún momento le vas a encontrar el sentido, el propósito, te vas a dar cuenta qué vino a mostrarte ese dolor, qué necesitaba aprender”.

Las herramientas a las que apeló para superar la noche oscura

La salida de la noche oscura del alma de Mariana fue un proceso gradual. “El camino comenzó con la psicoterapia convencional, pero sentía que era muy largo y no había una sanación profunda. Después vino la Nueva Medicina Germánica con la Biodecodificación, el Proyecto Sentido Gestacional (que tiene que ver con la fase cuando estamos en el vientre materno) y la Psicogenealogía o Transgeneracional, que en el fondo es lo mismo que la constelación familiar solo que el tratamiento es diferente. Este camino de la Psicogenealogía, este estudio de nuestros ancestros, fue la forma más eficaz y más rápida”.

En el proceso también apeló a las denominadas “plantas de poder”, como la Ayahuasca. “Ayahuasca es una infusión muy amarga que se prepara con dos plantas que existen de la selva. Se dice que es una planta muy amarga para la boca, pero dulce para el alma, porque de forma muy nítida y muy intensa te lleva a traumas específicos que necesitás curar y a una reconexión con la vida… En cada ceremonia de ayahuasca que he hecho, he podido tomar decisiones que me han ayudado un montón, pero no es para todos, no todos pueden tomar ayahuasca. Yo sugiero trabajos que se hagan de forma integrativa, donde haya profesionales de la salud mental que conozcan el funcionamiento de la psiquis humana, porque el inconsciente se comunica de forma simbólica y sin esa ayuda profesional puedan darse falsas interpretaciones y retraumatizaciones”.

Finalmente, Mariana Stivanello instó al camino del autoconocimiento, a buscar entender qué nos está pasando, qué hay detrás… Hay infinitos caminos, cada uno tiene que encontrar el que le resuena.

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