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12 mayo, 2016

El estigma de ser hijo de militar

Por Claudia Cagigas
Ser hijo de militar, desde hace algunas décadas parece ser un sello nefasto para una parte importante de nuestro país y es justo reflexionar sobre esto. Cuando los primeros informes sobre lo ocurrido en la última dictadura comenzaron a salir a la luz, las salpicaduras del fango marcaron a fuego. Por un lado las aberraciones cometidas, las miles de personas que no tuvieron derecho a nada y fueron destrozadas por un régimen sanguinario. Por el otro el estigma: en ese entonces, ser hijo de militar se convirtió en una mancha: algunas personas se sentían con derecho a “hacerles pagar lo que sus padres había hecho”, cuando tampoco estaban seguros que realmente sus padres habían cometido las torturas y crímenes espantosos que hasta hoy duelen en Argentina. Lo cierto es que todos los militares cayeron en la misma bolsa, junto a sus familias.

Escribo desde el lugar de haber escuchado a unos y a otros: a personas torturadas o familiares de desaparecidos cuyos relatos aún hoy estremecen y a hijos de militares que durante años debieron soportar maltratos por su condición.

El sábado pasado (Día del Veterano de Guerra y los Caídos en Malvinas), Josefina Etienot, hija de un militar que fue a la guerra de Malvinas y vice intendente de Paraná, se refirió al tremendo error que fue la dictadura y también la guerra. En ese punto, sostuvo: “A mi dicen ¿y por qué no hablaban antes? En mi caso no hablé antes porque a nosotros nos pegaban, cuando salíamos de la escuela me pegaban por ser hija de militar”. Además, “mi papá había ido a Malvinas y ser Veterano de Malvinas es un honor desde hace poco tiempo. Ahora es mucho más fácil porque Argentina se empezó a abrir y hablar de sus propios dolores. Pero antes no era así”.

Josefina subraya que todo lo que pasó en aquellos años fue desacertado, inclusive la guerra. “Dentro de un régimen de dictadura seguramente todo era desacertado porque los militares no tenían que haber estado donde estaban. Había un vicio en el origen del poder, de donde se tomaban las decisiones y eso atentaba contra la soberanía popular”, explicó.

Repensar la memoria, la verdad y la justicia, duelen pero libera. Hicimos mal muchas cosas y tenemos que aceptarlas para poder crecer. Dentro de esas cosas que hicimos mal, está la estigmatización de los que nada tienen que ver. El odio no libera, el odio mata, divide, rompe por dentro y por fuera.

¿Qué nos estará pasando hoy?

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