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16 agosto, 2022

Diego Oliver: “Me sentía superpoderoso porque consumía drogas y no me daba cuenta que el problema era mi baja autoestima”

En esta nota realizada en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí), compartimos la historia de vida de Diego Oliver y de su esposa Carina Zilloni. Es una historia que nos llamará a la reflexión y nos aportará herramientas para intentar concienzudamente a nuestro alrededor. ¿No estará ocurriendo lo mismo en casa sin que lo sepamos?…

CARINA ZILLONNI Y DIEGO OLIVER.

Por Claudia Cagigas

Diego Oliver es de Chajarí. Tiene 50 años y comenzó a consumir drogas a los 16 o 17 años, en un viaje, porque “quería probar”. La primera vez no sintió ningún cambio físico, pero sí un cambio en su autoestima. “Sentí que era superpoderoso porque estaba consumiendo drogas. Me sentí superior a las demás personas, fijate lo mal que estaba, no me daba cuenta que el problema principal era mi baja autoestima”, dijo en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí). A pesar de sentir un poco de temor y de preguntarse si esto lo convertía en un adicto, seguía consumiendo y creía que podía controlarlo. Sin embargo, desde esa primera vez su preocupación estuvo puesta en cómo hacer para conseguir droga en Chajarí. “En esa época, 30 y pico de años atrás, no era fácil conseguir como se consigue hoy. Finalmente lo logré, volví a consumir y ahí sí sentí un cambio en el estado de ánimo, creía que me sentía bien porque me subía la autoestima, pero eso me duró muy poco y cada vez tuve más necesidad de consumir”.

Diego utilizó diferentes sustancias durante más de treinta años y se mentía a sí mismo pensando que podía manejarlo; no aceptaba su dependencia y ocultaba el consumo, a tal punto que su esposa, Carina Zilloni, tardó 20 años en darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Durante 20 años Carina no supo que Diego consumía

Carina y Diego fueron novios durante 11 años y luego se casaron. “Me casé con Diego y no sabía que consumía. Yo no era una tonta que no quería ver, lo que sucede es que él siempre fue bueno y su forma de ser nunca cambió. En todo este proceso que hizo, hasta no poder manejarlo, pasó muchísimo tiempo porque los cambios son progresivos y para cuando te das cuenta está todo destruido: nuestra relación, nuestros hijos, sus padres, mis padres… Sin embargo, hay señales de alarma que a veces uno deja pasar. Por ejemplo, un día encontré cocaína en casa y me dijo que era de un amigo. Yo le creí. Hoy, a la distancia, creo que yo misma me mentía… Esa es una de las reacciones del coadicto, creerse la mentira. Cuando terminé de convencerme de que Diego era un adicto, habían pasado 20 años que estábamos juntos. Comenzó con promesas de que iba a cambiar, pero no cambiaba. Un día dije basta y comenzamos un tratamiento en El Arte de Volver”.

El infierno cotidiano

Bajo el efecto de las drogas, Diego se sentía bien pero después venía el bajón. Sin embargo, había algo que lo seguía enorgulleciendo: sentir que pertenecía a un grupo selecto que consumía y que las “macanas” que cometía bajo los efectos de las drogas lo convertían en un “transgresor”.

Los años fueron pasando y el problema se fue agravando a las sombras, oculto, tapando conflictos emocionales irresueltos a lo largo de la vida transcurrida…. “Durante los últimos 15 años consumía todos los días durante todo el día. Los últimos 8 años fue consumir cada hora y dormir sólo tres horas por día”, recordó. “Yo tampoco dormía. Caminaba toda la noche detrás de él para vigilarlo, luego dejaba a los chicos en la escuela y me iba a trabajar. Los chicos no sabían lo que sucedía, mi familia tampoco, todos creían que yo tenía la vida perfecta porque tapaba todo”, agregó Carina.

Pese a seguirlo continuamente, Carina nunca vio consumir a Diego. ¿Cómo lograba Diego camuflar la situación? “El adicto maneja el arte de la manipulación y del engaño. Te ponés muy hábil para todo, para ir a lo del transa, para conseguir la plata, para consumir rápido y sin que te vean”, dijo.

Tantos años de consumo y de deterioro tuvieron un impacto altísimo. “Perdí todo, terminé en la calle, no vendí la casa porque no la podía vender por Carina. Hacía como que trabajaba, pero no rendía. La droga la tenía que tener del día anterior porque, sino, me enloquecía, era capaz de salir a lo del transa a las 3 de la mañana, con lluvia, en una bicicleta para poder conseguir. He llegado a hacer barbaridades como robar un auto para irme a Concordia o a Paso de los Libres, a 180 kilómetros por hora, sin importarme nada. Recién ahí, al conseguirla, me sentía en paz.  No me importaba meterme en un barrio donde me podían, no me importaba nada”.

“No podía sentir, tenía los sentimientos congelados”

Diego mira hacia atrás y confiesa que durante aquel tiempo caótico no podía sentir, no podía conectar con sus sentimientos, estaba congelado. “El adicto no puede poner en palabras lo que le pasa y hay mucho trauma detrás. Es muy difícil aprender a sentir, aprender a identificar los sentimientos, y saber qué estás sintiendo. Cuando empecé el tratamiento lo difícil no fue dejar la droga, lo difícil fue conectarme con mis sentimientos. No sabía qué era lo que sentía, si tristeza, alegría, angustia, felicidad… Creo que nunca le di importancia a lo que sentía, simplemente vivía, no podía visualizarme. Siempre me dijeron que tenía que hacer, cómo tenía que hacer…”.

Carina como coadicta

La coadicción es un estado emocional que puede sufrir la persona más cercana de un adicto. Primero aparece la negación del consumo, luego la minimización del problema y posteriormente el sufrimiento y el desvelo esperando de que algo logre parar el consumo. Carina no consumía drogas, pero era coadicta emocionalmente de su marido. Durante 20 años no pudo advertir el problema, luego creyó en promesas que Diego nunca cumplió y posteriormente tocó fondo y se enfermó.

Previo al tratamiento en El Arte de Volver, Diego aceptó ir a la Iglesia, pero esperaba un milagro sin poner nada de su parte. Y el milagro no ocurrió…

Carina se sentía y estaba sola para llevar adelante su familia. Tiempo atrás, habían perdido a Manuel, el hijo del medio, y ese fue un punto de quiebre importante en la vida de Diego. “Diego empezó cuesta y dejó como de importarle todo. Ahí empecé a ver más indicios, al año tuvimos a Felipe y si bien seguíamos siendo una familia muy unida, con el tiempo todo comenzó a deteriorarse paulatinamente. Empecé a arreglármelas sola porque él no estaba para nada y fuimos haciendo como una separación emocional. Yo me fui empoderando, me subí al caballo del YO PUEDO… Él era un lastre, algo que yo arrastraba… Cuando caí en la cuenta de que realmente estaba sola, empecé a hacer neumonías repetitivas y toqué fondo”.

Enferma, Carina llegaba sola a la guardia del hospital y Diego no podía ver la gravedad de la situación. “Tenía los sentimientos recontra congelados, me costó mucho volver a sentir, me costó mucho darme cuenta lo que pasó ella. Cuando comenzamos el tratamiento yo pensaba que éramos un matrimonio perfecto, que era el mejor marido, que era el mejor papá, fíjate lo mal que estaba”.

Las reiteradas neumonías de Carina y su estado de deterioro físico y emocional la llevaron a hablar con su papá y a pedirle ayuda. Allí encontró un apoyo incondicional para salir adelante.

Poner en palabras tantos años de dolor es imposible. Sin embargo, publicamos esta historia para dejar varios mensajes que socialmente nos pueden ayudar a todos: “no hay droga buena”, “la marihuana no es inocua”, el “denominado consumo social recreativo es una trampa que puede resultar mortal”, “podés decidir cuándo comenzar a consumir, pero llega un momento en que no sos dueño de tu voluntad y ya no decidís nada”, “una adicción es una enfermedad que hay que tratar con profesionales capacitados”, debajo de todo consumo “hay heridas que sanar” y “no es natural consumir para sentirse bien”.

El adicto es una persona que miente para tapar su consumo, que manipula y, por tanto, es fácil caer en su red de engaños. Como dicen Carina y Diego, “la recuperación de una adicción implica recorrer un camino doloroso donde uno debe aceptar los errores cometidos, dejarse ayudar, escuchar, hacerse cargo y reconstruir”. Pero se puede… Como padres debemos estar muy alertas y abrir los ojos para no dejarnos convencer con lo que nos gustaría escuchar. Aceptar lo que sucede es duro, pero es la forma más rápida y eficaz de sacar a nuestros hijos o a nuestros seres queridos de un camino que sólo conduce a la destrucción personal y de toda la familia.

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