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12 mayo, 2016

Cansado de vagos

Por Aldo Vercellino
Como ya se ha repetido innumerables veces, tal vez previendo el aluvión turístico de los últimos tiempos, es menester tratar bien al visitante, y hacerlo sentir cómodo, como en su casa. O mejor aún que en su casa. Para ello, se hará necesario estar atento y tomar precauciones a la hora de interactuar con ellos.

Tratarlos bien, claro, no significa que uno deba andar acariciándolos sin motivo, pero sí, entre las precauciones mencionadas, sería bueno cuidarse en el idioma, de manera que se les haga mínimamente comprensible todo intento de comunicación verbal.
Será conveniente entonces evitar ciertos giros idiomáticos de uso habitual que pueden dar lugar a incomprensiones o situaciones confusas. Por ejemplo:

– Si ve que hay una persona que está fastidiando o molestando a otra, no diga que “lo está judiando”, porque nadie entenderá si lo está transformando en nativo de Judea, si están haciendo una lucha de Judo o comiendo habas.

– Cuando se refiera a alguien que es muy pícaro, trate de evitar definirlo como “la borra de la cocoa”, ya que la metáfora se hará completamente incomprensible para el visitante. Una variante apocopada es “la borra”, pero tampoco da idea exacta de qué es lo que se quiere decir, ya que la borra es un sedimento, lo sobrante.

– Parecido al anterior pero en plural resulta ser: “son coloráu”; esta frase se dice moviendo la cabeza de izquierda a derecha y carece de implicancias políticas, hay que aclararlo

– Si desea manifestar perplejidad o indignación ante algún suceso, trate de no proferir “ah güeno mi amigo”, ni diga “cansáu de vagos” cuando no está de acuerdo.

– Si dice de un niño inquieto que es “cabezudo”, lo único que provocará es confusiones ante la dimensión craneal del sujeto en cuestión; se da por sentado que todos los niños son cabezones.

– Tal vez para usted sea fácil de entender que alguien contento u orgulloso esté “chusco” por algún logro personal, pero el diccionario dice otra cosa.

– La expresión “tu cuero”, aplicada como sinónimo de “el que te dije” no resulta comprensible al foráneo.

– Entre “tu cuero” y “la borra” existe un término intermedio, que es: “molde”; si usted intenta expresar un ambiguo reconocimiento diciendo “pero qué molde…”, no faltará quien busque la horma o el recipiente.

– Lo mismo sucederá con “qué aparato”, que fonéticamente suena “quiaparáto”: el extranjero no entiende que el artefacto al que usted se refiere es una persona.

– Si tiene usted más de 30 años y, para expresar beneplácito, dice “eso pocato”, incluyendo sus variantes “so pocatelli” o “so pocardelli” ya no sólo no será comprendido por los turistas sino que ni siquiera por los más jóvenes de su propia ciudad. Lo mismo si dice: “qué papa la papa de Bertoni” o“apuringui” ante algún atrevimiento.

– Menos aún los utilice a todos juntos adosándole un sapukay. Imagine la escena, un tipo diciendo: éeso pocato què papa la papa de bertoni apuringui, para, acto seguido, proferir un grito: Visto desde afuera es la clara imagen de un loco.

– Si usted cierra oraciones diciendo “te via decir” el que escucha  no entenderá que usted quiere decir “supongamos”, y quedará esperando qué es lo que le va a decir.  Juimo pallá; pal láu de lo Confalonieri te viá decir, y le pegamos dos cuadra pal otro láu” será lo mismo que japonés para el interlocutor.

– Si quiere expresar que alguien retó a otro, es preferible decir “lo regañó” que, como habitualmente se expresa: “lo cagó a pedos”.

– Si ve a alguien alcoholizado, no diga que està “catorce” o “medio guau guau” : …qué es eso, la mitad de un perro..?.

– Hay que reconocer que la expresión “a pelarse” con su extensión: “al bajo” sí es bastante elocuente en la invitación, pero aún siendo comprensible no es de buen gusto.

Consejo para los más jóvenes: Ojito, que el intento apresurado de presumir de adaptado te puede llevar a decir oraciones tan extrañas como: “se re zarparon los gurises” o: “estuvimos toda la noche cabezudeando con los pibes; estaban todos de la cabeza, qué molde”, y decir “Pará, gurishe, dejesén de cabezudiá, loco….” con entonación de porteño mueve más a la risa que a la distinción.

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