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20 abril, 2017

Una familia muy particular: padres sordos y un hijo oyente

¿Cómo es el día a día de estos papás que viven en su propia casa con su hijo oyente? ¿Cómo se comunican? ¿Qué dificultades deben sortear y cómo las resuelven?

 

Matías Amarillo, María José Pezzelatto y Pablo

 

Por Claudia Cagigas

María José Pezzelatto y Matías Amarillo viven en Chajarí. Son un matrimonio, que a simple vista no difiere de otros tantos, a no ser por una particularidad que lo hace especial: ambos son sordos y tienen un hijo oyente que hoy tiene cinco años. ¿Cómo es la vida de estos papás que un día debieron enfrentar el vértigo de ser padres? Porque, ¿a quién no le sucedió quedar solo, cuando pasado el parto hay que volver a casa y de golpe aparece la incertidumbre de no saber por dónde empezar: cuándo cambiar un pañal, cuándo amamantar, cuándo, cuándo y cuándo…? Ese vacío, esas dudas seguramente nos surgen a todos, ¿pero cómo se las ingenia una persona que no escucha el llanto de su bebé?; ¿cómo se hace para consultar a un médico y que la comunicación sea efectiva?….  Las preguntas son infinitas y necesariamente nos obligan a ponernos en la piel del otro.

 

María José corre con una ventaja inmejorable: tiene una familia que siempre acompañó y hoy la sigue acompañando. Y especialmente tiene una madre que nunca bajó los brazos, que luchó y que le inculcó que las dificultadas en la vida están para ser sorteadas.

 

Así, pese a los llantos de la adolescencia, a los desplantes sufridos en algún baile por su condición, y a las dudas de si algún día podría formar su propia familia, hoy puede decir que su sueño está cumplido.

 

En una charla mantenida en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí) –intérprete de por medio-, María José habló sobre su vida y contó: “Mi esposo, Matías Amarillo, también es sordo. El solo habla en lengua de señas, no puede hablar oralmente. Nuestro hijo Pablo es oyente, habla normalmente y un poquito de lengua de señas porque le estoy enseñando”.

 

El caso de María José es particular porque a los 17 años le realizaron un implante coclear, lo cual le permitió comenzar a escuchar sonidos que no conocía: voces, música, el canto de los pájaros, entre otros tantos que los oyentes ni siquiera somos concientes. Hoy se maneja con algo de oralidad y con señas. “Mi mamá estudió lengua de señas, practicó, le fue difícil, aprendió con palabras cortas, armar oraciones no sabe. Una de mis hermanas también sabe un poco”, comentó.

 

Cuando fue madre, ¿cómo se manejabas con su bebé? “Estoy implantada y escucho los gritos, por ejemplo. También tengo un bipper, un monitor que vibra y me avisa si mi hijo se levantó, porque a la noche me saco el implante y no escucho nada. El bipper es un aparatito que está en mi mesa de luz y otra parte en la cuna de mi hijo. Cuando vibra voy a ver qué le pasa a mi hijo”, explicó.

 

Con sus cinco añitos, Pablo va a la escuela como todo niño de su edad y puede comunicarse con sus padres a la perfección. A las reuniones escolares, María José siempre va acompañada por su madre o una de sus hermanas para asegurarse que la comunicación sea efectiva. “En una reunión mucho no entiendo porque hay mucha gente, muchos ruidos, se me distorsiona, no puedo”, comentó. “Al pediatra también voy con un familiar”, agregó.

 

María José, su esposo y su hijo viven en su propia casa. “Yo vivo con mi marido y mi hijo. Mis padres viven abajo. Tengo un timbre adaptado para personas sordas, entonces, cuando suena se prende una luz”, contó.

 

El sostén económico de la familia lo procuran entre los dos: Matías trabaja de albañil y electricista; María José en la lavandería de su madre.

 

María José, Matías y Pablo. Una familia especial, que demuestra que las adversidades se pueden superar cuando hay afectos que contienen y dan una mano. ¿Por qué nos sorprendemos? Quizás porque nos falta mucho camino por recorrer y por conocer. Para Pablo sus papás son los mejores del mundo, no importa si son sordos u oyentes porque siempre los conoció así, lo naturalizó y aprendió a comunicarse con ellos a su manera. Esto no lo limita en nada, al contrario: amplía su perspectiva de la vida, su ductilidad, sus posibilidades de comunicación y su formación para el mundo. Felicitaciones familia!

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