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27 noviembre, 2016

Verdades que despiertan

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¿Por qué contar una verdad

que se sabe lastima y derrumba?

¿Por qué contar lo que uno debe callar?

¿Las verdades realmente redimen?

 

Por Cecilia Capovilla

Si yo te diría que es verdad, quizás no me lo creerías, pero sé que no vas a dudar de lo que te voy a relatar y queda entre nosotras.

 

No es un acto de valentía, ni muchos menos de demostrar que todavía puedo. No, muy por el contrario, considero que es la primera actitud que me establece como persona íntegramente libre. Mirá lo que te estoy diciendo, creo que a mis añitos, y eso que no son pocos, fue, es y será el acto más liberador que jamás haya soñado.

Todo comenzó ese mismo día que me dejaste en la puerta del teatro porque no pudiste venir. ¿Te acordás? Lo cierto fue que entré, presencié y me emocioné con la obra de teatro que juntas habíamos planeado ir.

 

A la salida, como era de prever, no había ningún auto que me pudiera alcanzar hasta mi casa.

 

Lo cierto es que desde el otro lado de la acera, alguien me hacía señas. Enseguida lo identifique, me acerqué y no dudó un instante en ofrecer llevarme a casa.

 

Éste fue el comienzo de la historia que me dispongo a contarte, más que contarte confesarte, ahora después de casi siete años de estar juntos y separados; y de escasamente compartir no más que un momento, pero eso sí, un momento que lo sabía mío y en que no existía nadie más que él y yo.

 

Ese, como te decía, fue el primer encuentro en el que, desde entonces, nunca falto la claridad, y lo que sobraba era la espontaneidad de sentirnos libres, sin ataduras, sin restricciones; en el que llegábamos a ser uno íntegramente.

 

Te debo decir que fuimos amantes, no desde el amor, eso estaba claro, sino desde la misma penetración y del único acto que nos hacia realmente libres, despojados de prejuicios, de ataduras, de sometimientos sociales.

 

Querida amiga, lamento tener que confesarte algo que seguramente derrumbará lo que te resta de vida. Y lamento también tener que decírtelo en este momento en el que estás pasando, pero entendeme, lo necesito.

 

Hace doce horas estábamos enterrando al hombre que vivió toda la vida al lado tuyo, que compartió y estoy segura te hizo muy feliz. Pero ese mismo hombre es el que desde hace siete años también me regalo las mejores horas de mi vida, que me entrego su cuerpo, porque el alma te pertenecía, estate por segura.

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