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28 mayo, 2021

El ojo de la tormenta

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Cuando uno está en el ojo del Huracán, ningún frente parece llevar a puerto seguro. Todos los caminos son reventados en un instante por olas inesperadas. No hay fuerza que alcance para remar contra una corriente que todos los días cambia de dirección.

 

Y entonces no queda otra que esperar que se termine. Que pasen los truenos que tengan que pasar y retomar cuando la noche empiece a hacerse día.

 

Esperar. No hacer nada. Esperar que los nervios pasen. Rodearte de gente que te haga perder el miedo a la tormenta. Divorciarte, por un momento, de todas tus estrategias. De todos los pensamientos. De todas las exigencias que te impone la tarea ridícula de tomar una decisión en medio del caos.

 

Nadie toma una decisión honesta en el medio de un caos interior. Entonces habrá que conformarse con respirar.

Con Frenar.

Con Delegar.

Con Esperar.

Con Observar la fuerza de la ola que te pasa por encima de la cabeza y te recuerda lo chiquito que sos y después, claro que sí. Pero claro que sí.

 

Después que pasa el barro, la naturaleza ubica todo en donde tiene que estar. Y uno, ya con su temporal calladito, mira todo otra vez. Elige todo otra vez.

Decide todo otra vez. Arranca todo otra vez. Porque hay vientos que nos invitan a patear lo que queda del tablero. Agarrar las herramientas, y construir todo, o casi todo, otra bendita vez.

 

Si. Todo o casi todo. Que como dicen por ahí, no es lo mismo, pero es igual.

 

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