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2 diciembre, 2020

“Los enfermeros estamos quebrados, agotados y estresados”, dijo Silvia Dalmazo

Aunque en Chajarí afortunadamente no se registraron víctimas fatales dentro del plantel de Salud, la situación es compleja, con un cansancio que día a día se acumula y una exposición muy fuerte como en todos los casos.

SILVIA DALMAZO. Secretaria de la Asociación de Enfermería de Chajarí.

Por Claudia Cagigas

Con motivo de desarrollarse el Día Nacional de la Enfermería, el sábado pasado dialogamos con la secretaria de la Asociación de Enfermería de Chajarí, Silvia Dalmaso, quien, en representación de sus colegas, contó cómo está viviendo el personal este difícil tiempo de pandemia. En una nota realizada en el programa EL ESPEJO (Radio Show), Silvia se refirió en los siguientes términos.

¿Cómo están viviendo este tiempo de pandemia en la primera línea del frente de batalla?

– Es un año muy agotador, partiendo de las ropas que tenemos que usar hasta el hecho de tener que estar en alerta siempre. Terminamos las ocho horas de trabajo muy cansados, aunque en la guardia no hayamos tenido tanto trabajo, porque toda esa ropa te da mucho calor y te agobia. Por otra parte, estás en alerta siempre, ni que hablar quienes están en el área COVID… Yo estoy en el área de cirugía y la alerta también siempre está, porque tal vez ingresa una cirugía de urgencia y no hay tiempo de hisopar ni preguntar ni indagar a la familia. Por eso es un año muy agotador.

– ¿Qué pasa cuando llegas a casa después de estar en un lugar de tanto riesgo?

– En mi caso llevo más de diez meses sin ver a mis hijos -están en Buenos Aires-. A mi mamá, que tiene 90 años, estuve tres meses sin verla por el miedo y la incertidumbre que todos teníamos, pero llegó un momento en que no pude más, fui, me senté lejos y estuve con ella…

Soy una convencida que la cuarentena fue muy larga y se manejó mal. Nos hubiesen tenido que educar en esos primeros 40 días, para que luego salgamos a convivir cumpliendo lo aprendido. Pero no fue así y de pronto nos encontramos con gente que estuvo muchísimo tiempo encerrada y cuando salió, no se supo cuidar. Por otra parte, lo emocional es muy fuerte, si tenés miedo, se te bajan las defensas y tenés más posibilidades de contagiarte.

– ¿Cómo están emocionalmente tus colegas?

– Estamos quebrados, éramos siempre de juntarnos o de darnos un beso cuando dejábamos la guardia y ahora nada de eso se puede. Hay unas chicas jovencitas que no son de Chajarí, que podrían ser mis hijas por la edad que tienen y en un momento les dije ‘vamos a darnos un abrazo’ porque nos quedamos sin abrazos cuando más los necesitábamos y, por si fuera poco, ellas están lejos de su casa. Vuelvo a repetir: es muy largo, muy estresante, estamos quebrados emocionalmente y hay para rato.

– ¿Cómo es ahora la relación con los pacientes, se transformó?

– Se transformó y costó mucho…  En mi caso personal, cuando me pasaban la guardia, antes de empezar con los controles iba pieza por pieza saludando a los pacientes, tocándoles la mano, la cabeza, la punta de los pies, preguntándoles como estaban, cómo habían pasado la mañana… son cosas que hacen muy bien…. Por ejemplo, si una mamá estaba en el preparto, me acercaba, le apretaba la mano y todo eso no se pudo hacer más. Después sí, con los guantes, pero fue como un corte muy radical y costó muchísimo.

– ¿La gente tiene temor a concurrir al hospital?

 – Si, van con temor. Por ahí llaman y prefieren no concurrir. La gente tiene temor, pero creo que fue porque primero se metió miedo y después se informó. Recuerdo que los primeros positivos pensaban que se iban a morir y en Chajarí, la realidad nos mostró que no. Yo estuve aislada preventivamente cuando no era positivo y hubo vecinos que dejaron de pasar por la puerta de mi casa. Llegamos a ese extremo… Hubo mucho miedo, pero gracias a Dios eso está cambiando.

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