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28 diciembre, 2020

La vida privada… y el anonimato en tiempos de Internet

Carlos Acosta y Guido Muchiutti analizan los cambios en la comunicación a partir de Internet y las redes sociales.

 

CARLOS ACOSTA. “El ‘me gusta’ le aporta a nuestra estima la sensación de que existimos”.

Por Claudia Cagigas

Para gran parte de las personas ya es inconcebible la vida sin Internet y sin la conexión diaria a través de las redes sociales. Necesitan de estos sitios para conectarse con sus amigos e incluso realizar nuevas amistades de manera virtual, compartir contenidos, interactuar, crear comunidades sobre intereses similares (trabajo, lecturas, juegos, relaciones amorosas, relaciones comerciales, entre otras). Eso no es bueno ni malo en sí mismo sino que depende del uso que cada uno realice y de la conciencia que ponga, teniendo en cuenta ventajas y riesgos.

Indudablemente que las relaciones humanas han sufrido cambios. ¿Cuándo comenzó este fenómeno? Carlos Acosta, Licenciado en Comunicación Social, reconoció tres etapas fundamentales en la Revolución de Internet –equiparable a la Francesa o a la Industrial por el impacto, no por el contenido-: “La primera etapa comenzó entrados los 90, con  Internet hecho por expertos y consumido por usuarios. En la segunda etapa, la del Internet 2.0, el experto hacía la plataforma pero los contenidos quedaban a cargo de los usuarios (youtube por ejemplo). Y en la tercera etapa, la de Internet 3.0 que estamos viviendo hoy, las plataformas son armadas por los especialistas y los contenidos los ponen los usuarios pero haciendo foco en la vida privada, en mostrar la vida hacia fuera… Es decir, en este mundo de Internet 3.0 dejamos abierta la puerta de la cotidianidad (me siento triste, me levanté tarde, café con amigos, de asado con los pibes), le contamos nuestro diario íntimo a todo el mundo”, explicó en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí).

 

Las nuevas tecnologías han resignificado los modos de relacionarse de forma tal que llegamos a creer que son cuestiones naturales, cuando en realidad son partes técnicas de la vida. “Hebert Marcuse, allá por la década del 40, hablaba de los mass media (medios masivos de comunicación) y de la segunda naturaleza. ¿Qué es la segunda naturaleza? Es tomar como parte de uno algo que está dado. Por ejemplo, Internet es para los nativos digitales como parte de su segunda naturaleza y para las nuevas generaciones es muy difícil pensar un segmento de su vida sin un teléfono y sin Internet”.

Educar para el uso de las redes sociales, hoy es indispensable, sobre todo en niños y adolescentes: qué ponemos en los medios, qué mostramos. “Cuando hablamos de educar para los medios no hablamos de como se prende, como se apaga, como entro y como salgo sino de que miro y que no miro. Es entender que todo lo que convertimos en contenidos no siempre es interpretado como nosotros deseamos. Por ejemplo, una nena de 13 años que sube una foto en short, posiblemente no tenga intenciones de seducción, pero quien la mira le da su propia interpretación. Desde este punto de vista tenemos que empezar a pensar cómo educamos para generar contenidos, cómo educamos para que se entienda que hay contenidos que son menos saludables que otros y que quien le da sentido al mensaje es quien mira”, sostuvo Acosta.

El “me gusta” es otro aspecto interesantísimo para analizar. Sobre el particular, el especialista en comunicación dijo: “El ‘me gusta’ le aporta a nuestra estima la sensación de que existimos, de que no pasamos desapercibidos. En nuestra generación destacarse era jugar bien al fútbol en el equipo de la escuela; la popularidad uno la adquiría por distintas aptitudes sociales y con eso lograbas que tu estima, tu construcción como ser se vaya dando. Hoy esos lugares se han corrido”.

GUIDO MUCHIUTTI. “El anonimato sirve tanto para difamar como para hacer falsa publicidad”.

Guido Muchiutti, ingeniero en Sistemas de Información, agregó: “Si trasladamos esto al ámbito de la política, vemos que el político que más popularidad tiene capaz no es el que golpea más puertas sino el que tiene más “me gusta” en su fan page y eso conlleva a que haya una contra estrategia desde el anonimato, que se creen cuentas anónimas para restar o para sumar”.

El anonimato sirve para eso; tanto para difamar como para hacer falsa publicidad. En todas las ciudades un Libro de Quejas, un fenómeno muy complejo de analizar pero tiene que ver con el anonimato y la importancia que la gente le da a lo que lee en una red social. La gente ve diez comentarios que dice que hoy no está lloviendo y en vez de mirar para afuera, lo considera verdadero. Pero de esos diez comentarios, nueve pueden ser de cuentas falsas que están tratando de crear una tendencia o imponer un pensamiento dominante”, explicó Muchiutti.

Finalmente, Carlos Acosta agregó que “las redes sociales no son lugares de debate sino una exposición de subjetividades, una sucesión de ‘a mí me parece que Pedro es un delincuente, que Juan es un gran tipo’, sin pruebas ni fundamentos. Se vive una especie de impunidad, que nos está llevando a que perdamos espacios de debate y que los fundamentos vayan quedando de lado”.

“Hoy estamos muy concentrados en la forma, en la selfie, en el filtro de instagram, en el fondo, en las cosas para mostrar y no tanto en el contenido… Creo que el paradigma ha cambiado y que estamos a tiempo de poner esto sobre la mesa de análisis para empezar a direccionar este cambio que ya está sucediendo. Hoy estamos simplemente dejando que el río fluya y no lo estamos canalizando de manera productiva”, subrayó Guido Muchiutti, a modo de broche final.

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