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11 enero, 2017

La conexión

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Por Cecilia Capovilla

Ella despertó y el sol ilumino su rostro. El día prometía mucho más de lo que se imaginaba, y estaba segura de poder ser la protagonista de su propia historia. Pero uno nunca sabe el papel que le depara el destino.

 

Sabia que el recorrido que le esperaba  era el camino que siempre se había prometido, y hoy  podía llevarlo adelante. Así que no quedo más que enfrentar el día tal cual se presentaba. Y lo más importante, se sentía dispuesta.

 

El viaje fue lo que esperaba un camino con una ruta provincial cuidada y arreglada para las últimas elecciones a gobernador de la provincia; pero lo que mas le impactaba era ese verde que acompañaba todo el recorrido. Un verde que penetraba en sus ojos y la hacia recordar otra época, quizás su infancia, quizás era el color que siempre había marcado su vida y ahora recién se daba cuenta. Lo cierto fue que viajó todo el tiempo mirando por la ventanilla, y el verde penetró muy fuerte en su vista, la inundó y llegó hasta el alma.

 

El olor a roció del mes octubre todavía se sentía  a las 7 de la mañana, y el sol ya comenzaba a hacerse sentir. El verde seguía marcándola, en los aromas que emanaban los árboles al costado del camino; era la primera vez que un paisaje la transportaba a otro mundo y lo estaba disfrutando, era lo que quería, lo que buscaba y se animaba. Estaba dispuesta a disfrutar la empresa que había decidido llevar adelante aunque sabia no iba a ser nada fácil.

 

De repente se le vino a la mente, casi como imágenes de diapositivas, que verde había sido su primer triciclo, verde había sido su primera bicicleta y verde era la que tenía ahora. Verde era la pintura de la casa, y verde era su color preferido. Pensó qué significará ese color en mi vida? Tenia cuarenta años y desde hacia mas de doce no sabia otra cosa mas que trabajar, nunca había formado una familia, eso no era para ella decía, llevaba adelante una promiscuidad aceptada por ella misma. Y no le importaba otra cosa que terminar las notas  para la editorial prestigiosa en la que trabajaba.

 

Los temas de índoles sociales eran los que mas le apasionaban, despertaban en ella  una sensibilidad pocas veces vista, podía llegar a convertir una temática en problemática, y con cero prejuicio, era una periodista que con la investigación y un valor agregado de sensibilidad, poder de sensatez, equilibrio en las palabras y una descriptibilidad pocas veces leída, estaba revolucionando el ámbito, su ámbito del cual parecía que había nacido para morir en él. La pasión, la entrega y la fuerza que le ponía a todo lo que emprendía, lo que desarrollaba y lo que finalizaba era digno de ser observado.

 

Era una admirable mujer comprometida con su trabajo, responsable en su accionar, y garantía de un buen trabajo. Pero estaba segura que después de esta nota, quizás la más importante de su carrera, ya nada seria igual, pero ya lo había asumido y las consecuencias no serian más que la tranquilidad con ella misma y la sensación de haber hecho justicia con quien se lo merecía.

 

El, Juan Fernando Aguirre, había marcado gran parte de su vida adolescente, era quien había desarrollado en ella la sensibilidad social, le había enseñado a mirar la realidad con los ojos del amor doctrinal, había marcado pautas en su vida que nunca se modificarían, porque según él el amor lo construye todo. Por eso ese viaje marcaría el final de una etapa y el comienzo de una. Lo presentía.

 

Llegaron más temprano de lo previsto, pero Juan Fernando ya los estaba esperando. El abrazo de bienvenida fue bastante más largo del imaginado. Las lágrimas enseguida se cayeron por parte de los dos, y con las miradas cruzadas entendieron lo que durante quince años no quisieron explicar.

 

Gracias, le dijo ella y él le dijo que no hacía falta; y enseguida preguntó cuándo empezamos con la entrevista. Ella, por su parte, se conectó con lo más profundo de su ser, se dejó llevar, pero en este caso para no volver, no quiso. Y se dejó caer en una imaginación, que como túnel la transportó a ese lugar que la conducía a ella misma y la conectó con sus sentimientos. No hubo más palabras. No hubo entrevista… El hecho estaba acabado dando lugar a lo que debía ser hace tiempo…

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