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5 noviembre, 2016

Italianos de aquí con raíces alemanas en el 1500

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Por Claudia Cagigas

Danilo Farneda es oriundo de Chajarí pero está radicado en España. Dedicó muchos años de su vida a investigar el pasado de sus ancestros, hasta lo más remoto que pudo. Obstinado a más poder, nunca aceptó un no como respuesta ni se desanimó ante los cientos de obstáculos que encontró en el camino. Su certificado de investigador, otorgado por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma donde realizara sus estudios, fue la llave maestra para convencer a párrocos cautelosos de que lo dejaran acceder a los libros históricos. De ellos puedo extraer datos valiosísimos para su investigación, como actas de bautismo e información necesaria para completar el árbol genealógico. Con mucha paciencia pudo llegar hasta el año 1500 y los datos que encontró fueron asombrosos.

Myriam Farneda es hermana de Danilo y también una apasionada de la historia familiar. En una entrevista realizada por EL ESPEJO, sostuvo: “Si bien voy a hablar de la familia Calgaro –rama materna- creo que la mayoría de las familias que estamos acá tenemos la misma historia. Lo más antiguo que pudo averiguar mi hermano es que la familia Calgaro proviene de Alemania, de Baviera. El apellido allá era Yuster, que quiere decir zapato. En la época en que nació la burguesía y que la gente comenzó a independizarse de los grandes señores, fueron corridos de Alemania y se fueron al norte de Italia”.

 

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Desterrados de su tierra natal, estos alemanes se radicaron en “un lugar muy bello parecido a Bariloche, pero muy agreste, frío, donde la cultura llegaba muy poco y su único acceso era a la cultura católica –por eso es muy fuerte la fe que siguen sosteniendo-. Ahí comenzaron a formar sus caseríos, que llamaron contrá: a medida que un hijo se casaba pegaba la pared de su nueva casa a la casa de su padre y así sucesivamente. Estas casas tenían dos o tres plantas: abajo iban los animales, arriba los comedores, cocinas y demás, y en el último piso los dormitorios. En  el lugar donde tenían los animales pasaban los crudos inviernos. Ahí ponían también las batatas en tierra y las iban sacando a medida que necesitaban”, describió Myriam. “La contrá de Calgari era el lugar donde estaban todos los de ese apellido; había varias contrá”, explicó.

 

Cuentan que estas familias vivieron así durante 500 años… “Nuestras familias quedaron ahí y recibieron la invasión austríaca. En esa invasión, el norte italiano fue el que más resistió, perdió mucha gente y documentos; por eso nos cuesta conseguir la nacionalidad italiana por parte los Calgaro, porque muchas iglesias se quemaron y con ellas documentos muy importantes. Para mi hermano, llegar a esa documentación que está guardada como tesoros en las iglesias fue muy difícil”, sostuvo.

 

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Pero no sólo documentos halló Danilo en Italia, sino que también se empeñó en buscar familiares de la misma generación; algunos de los cuales le cerraron la puerta en la cara mientras que otros lo recibieron con alegría. “Rosetta Calgaro le abrió las puertas de su casa y le habló al padre Adriano Tesarolo, de Castagna, para que le abra los libros de la parroquia”. El día que se enfrentó a esos libros Danilo creyó tocar el cielo con las manos… “los libros están escritos en pluma de ganso y a partir de ahí fue rastreando la historia de la familia”.

 

De Italia a América

Retrocedamos en el tiempo. Mientras que en el norte italiano la gente que vivían en la montaña –no en el valle fértil- la pasaba muy mal, en Argentina “la Ley Avellaneda facilitaba la inmigración. En Italia surgieron propagandas pintando una maravilla, un venir a hacerse la América. Pablo Stampa fue a buscar gente al norte italiano porque él era de allá y como tenia un periódico hizo mucha propaganda. La gente empezó a venir a montones; eran alrededor de 76 familias, pero es impresionante ver cómo esas familias o sus descendientes se entrelazados en este lugarcito entrerriano. Yo recuerdo que hasta mi generación un tano se casaba sólo con una tana; sin ir más lejos, en la casa de mi abuelo no entraban más que tanos”, dijo Myriam Farneda.

 

Lo cierto es que aquellos italianos vinieron cargados de promesas, pero se encontraron que lo que les habían pintado no era tal. Primero tuvieron que atravesar grander tormentas en el océano, lo que hizo que mucha gente quedara en Brasil porque no resistió. Segundo, se encontraron con que estaba todo por hacer y tuvieron que trabajar de sol a sol. Eran campesinos, se dedicaban al cultivo de la tierra. En cambio, la gente que en su momento vino de Inglaterra o Irlanda se dedicó a la ganadería.

 

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De los antiguos viñedos a la citricultura

Los que vinieron de Italia no eran citricultores, sino que las distintas etapas que fue atravesó el país los obligó a reconvertirse.

“Ellos adaptaron acá toda su cultura. Los viñedos fue lo primero que sembraron: habían grandes plataciones, grandes toneles y se mandaba vino a Buenos Aires. Pero por una cuestión de economía el gobierno mandó cortarlos, lo cual fue una situación difícil de afrontar. Sólo dejaron una línea por familia. Mi mamá dice que el abuelo se entristeció tanto que a causa de eso murió”. Los viñedos “fueron destinados a la zona de Mendoza”, sostuvo Myriam.

 

En una segunda etapa se dedicaron a las oleaginosas, pero con los años las aceiteras se fundieron y esta actividad se apagó.

 

Finalmente llegó el momento de la citricultura, pero un nuevo golpe surgió con la cancrosis y los cortes compulsivos de miles de árboles… No obstante, con los años la actividad comenzó a reactivarse, se empezó a exportar citrus y la economía surgió.

 

Recomponer los lazos

Las guerras mundiales interrumpieron  para siempre la correspondencia entre los que habían venido y los que habían quedado en Italia. ”Nos volvimos a conectar cuando mi hermano viajó a Europa”, contó Myriam.

 

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Entre los italianos de hoy que abrieron sus puertas a los Farneda y Calgaro de acá, comenzaron a construirse vínculos que ayudan a sanar viejas nostalgias heredadas. Hace un tiempo, la mamá de Myriam pudo viajar a Italia, a la contrá de Calgaro y dormir en la vieja casa en la que vivió su abuelo… la emoción no puede describirse en palabras… en la sangre, en el alma, en la historia familiar seguramente quedaron esas viejas heridas que buscan ser cerradas.

 

Nota: en la primer foto podemos apreciar la Contrá di Calgaro en la actualidad. Es la misma casa en la que vivieron los abuelos de Juanita Calgaro, mamá de Myriam y Danilo Farneda. Allí podemos ver a Juana, en el viaje que realizó en busca de sus raíces. La última foto retrata a los Calgaro de aquí y de allá en uno de sus encuentros.

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