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1 febrero, 2017

Indignación tras la partida de Franquito Dal Molín

Franco Dal Molín 1

 

Por Claudia Cagigas

Fueron 13 años de lucha y esperanza; 13 años que vivió Franco Dal Molín luego del transplante de corazón que le realizaran a los 8 meses de vida. Sus papás son concientes que esos años fueron un regalo porque de otra manera no habría podido vivir y apostaron todo para cuidar esa cajita de cristal. Sin embargo, no sabían que tenía fecha de vencimiento; no sabían que un transplante sólo dura 10 años (a Franco le duró 13) porque, entre otras cosas, el corazón transplantado no crece y con el tiempo es incapaz de bombear la sangre de un organismo que ha crecido, según explicó Libia Gallo, mamá de Franco. En otras palabras, “Franco tenía un cuerpo de un niño de 13 años y un corazón de un bebé de un año y ocho meses”, la edad que tenía su donante. Pero la indignación que sienten hoy Libia Gallo y Jorge Dal Molín (sus padres) no es por esto sino por las cosas que faltaron para atender la emergencia cuando Franco se descompensó en el Jardín Japonés, cuando realizaban una visita con el visto bueno de los médicos; sienten indignación por la tardanza de la ambulancia del SAME y por las cosas básicas que faltaban en esa ambulancia para atenderlo.

 

A continuación transcribimos una nota escrita por Mauricio Gallo, tío de Franco, que relata fielmente el sentir de los papás y de la familia.

 

 

“Gracias a la gente, al hospital Garrahan, al grupo de transplante del hospital Garrahan, enfermeros del CIM 32, a Alejandra Villa,  Horacio Vogelfang, Lopez Graciela Susana, a la obra social OSPIM, su presidente Antonio Basso y personal de oficina y a los medios de comunicación por siempre acompañar a Franco desde el primer momento, a tanta gente y familia que ama a Franco.

 

No lo podemos creer, los papas están destrozados. Pero, en medio de tanto dolor, sepan que Franco siempre la luchó para vivir. El viernes cuando estaba en el Jardín Japonés, en Capital, Buenos Aires, no había nada para salvarlo en ese lugar, ni oxígeno, ni un desfibrilador (aunque hay una ley que establece que sea obligatorio en los espacios públicos y privados). La ambulancia SAME demoró mucho en llegar, no tenia el equipo para reanimarlo, no tenía respirador mecánico.

 

Franco tenía muchas ganas de vivir. Se nos fue en el Hospital Fernández.

 

Sepan entender el dolor, pero su mamá sólo sabe que: “No estuvo Dios porque él pudo haber hecho un milagro, no estuvo la ciencia porque hace poco tiempo le dieron la noticia a su mamá de que un trasplante de corazón dura solo 10 años y con Franco no se sabía más, tampoco estuvo el Estado porque los medios que tendrían que estar para salvarlo a Franco no estaban. El Estado no invirtió en ciencia para que se avance en los transplantes”.

 

Ayuden al hospital Garrahan. Queremos que se haga justicia. Esto tiene que hacerse saber en todas partes. Por Franco y todos los Francos del mundo”.  Hasta aquí las palabras de su tío.

 

Desde este medio, agregamos que Franco cumplió varios deseos antes de partir: sacarse un par de fotos con las mariposas gigantes de la peatonal Florida (las que quedaron como tesoros en el celular de su mamá), ir a un local de hamburguesas y el último, darle de comer a los peces del Jardín Japonés. Hecho esto fue al baño y ahí se descompensó. Comenzaron las corridas, la desesperación de su madre, el esquivar autos con Franquito a upa y todo lo que uno pueda imaginar…  Franco ya descansa en paz. Ahora sus papás necesitan reconstruirse y procesar el dolor.

 

Libia es de fierro; una madre desgarrada pero con una energía que probablemente canalizará, a su tiempo, para seguir adelante. El equipo médico del Garraham la quiere ahí para seguir trabajando con ellos, ayudando a otros papás porque si bien hoy sabemos que los transplantes tienen un tope, con inversión en investigación las cosas podrían revertirse, podría seguirse avanzando para ampliar el tiempo y la calidad de vida. El camino es largo, sin lugar a dudas.

 

Hoy miércoles 1 de febrero Libia y Jorge viajaban a Buenos Aires para hacer la mudanza a Chajarí (hace cuatro meses que estaban viviendo allí cuando el corazón de Franco comenzó a fallar); agradecer a la obra social; a la gente que los acompañó; al equipo médico del Hospital Garraham y, con su apoyo, analizar qué hacer de aquí en más.

 

El Jardín Japonés, el SAME, el Estado, seguramente tendrán que dar explicaciones… si lo harán o no, está por verse…

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