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3 marzo, 2018

Eso que me irrita tanto…

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“Se dice que lo que vemos reflejado en el otro es, en realidad, una forma de ver cómo está funcionando mi inconciente”. Una nota con la psiquiatra Mariana Stivanello.

 

Nuestras reacciones muchas veces tienen que ver con aspectos inconcientes propios que ignoramos y hasta rechazamos.

 

Por Claudia Cagigas

Te habrá pasado muchas veces sentir que no soportás a una persona y, por el contrario, percibirte muy a gusto con otra. Habrás sentido que te irritan cosas del afuera –a veces en forma desmedida- o que te atraen otras. ¿Cómo se dan esos rechazos o esas atracciones? ¿Muestran algo de nosotros mismos? Desde la psicología se explica que las relaciones humanas funcionan como espejos; como una gran oportunidad para darnos cuenta qué nos produce malestar, qué conductas nos producen placer y cuáles nos producen rabia y enojo. Pero, sobre todas las cosas, se sostiene que nuestras reacciones muchas veces tienen que ver con aspectos inconcientes propios que ignoramos y hasta rechazamos.

 

Desde esta perspectiva, urgar en estas reacciones puede darnos muy buena información sobre lo que ocurre en nuestro interior para poder transformarlo. “Esa persona me da rabia, no puedo escucharla, me ofusca su soberbia, su altanería, su arrogancia…” ¿Pero por qué? ¿Qué tiene que ver esto conmigo como para no poder escucharla? ¿Qué me está diciendo? ¿Será que esa “soberbia” inconcientemente me remite a mi falta de seguridad, aunque no me de cuenta? Más allá de que puedo no estar de acuerdo con la forma de ser o actuar de esa persona, la “irritación” probablemente pase por aspectos de mi interior que veo reflejados en ese otro.

 

“Se dice que lo que vemos reflejado en el otro es, en realidad, una forma de ver cómo está funcionando mi inconciente. Por eso cada uno de los vínculos que tenemos con las demás personas son espejos. Los espejos más fuertes son las personas con las que convivimos, ya sea nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres”, explicó la médica psiquiatra Mariana Stivanello en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí).

 

¿Por qué es “el otro” el espejo por excelencia en el que nos reflejamos? “Hay un famoso dicho que lo explica muy bien: es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en nuestro propio ojo. Por eso vemos todo lo que sucede adentro nuestro a través de las demás personas”, indicó Stivanello.

 

“Una forma de investigar lo que me está pasando por dentro es analizar la parte externa, el afuera, ya sea cuestiones del ámbito laboral, familiar, social… Esas relaciones son espejos o sombras que hablan de mi interior”, sostuvo.

 

Desde este punto de vista, Mariana Stivanello agregó que “muchas veces lo que nos llama la atención del otro tiene que ver conmigo mismo aunque no lo reconozca como propio, justamente porque se vincula con esa cuestión interna a nivel del inconciente y subconsciente. Y como siempre nos cuesta bastante hacer ese trabajo de introspección, de meditación, de registrar lo que nos está pasando internamente, nuestra psiquis proyecta hacia fuera para que pueda llamarlos la atención y lo podamos entender o tener un aprendizaje en nuestra vida. Si supiésemos decodificar esa información sería bien utilizada y no nos quedaríamos solo en la crítica”, reflexionó.

 

Por último, animó a incursionar en el camino del autoconocimiento pero desde un lugar compasivo, amoroso y no desde el auto boicot.

 

A modo de síntesis, podemos decir que: “Tenemos reacciones emocionales que activan la proyección, y pueden ser tanto positivas como negativas. En las positivas te estás reflejando en la otra persona con una parte que te gusta de ti, que valoras y aprecias y de la cual no eres consciente. En las negativas estás reflejando algo que te censuras, una parte de ti que no te gusta, haciendo todo lo posible por reconocerla, lo que supone un conflicto interno que interfiere en las relaciones. Siempre es interesante reconocer nuestras proyecciones porque vemos cómo nuestras actitudes e impresiones hacia las personas y el mundo que nos rodea son esencialmente las ideas rechazadas que albergamos hacia nosotros mismos” (1).

 

 

 

 

 

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