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11 noviembre, 2016

Entre Ríos: Una provincia que se vistió de luto

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Por Marisa Domínguez

Dicen por ahí que un hecho vale más que mil palabras, por eso no se puede ser indiferente ante una sociedad que está gritando, que está pidiendo ayuda; que por nuestros días transitando el siglo XXI imparte un factor que parece un común denominador, la violencia.

 

El pasado fin de semana, un hombre intentó matar a su ex novia y luego se suicidó en Concordia. Horas más tarde fue el turno de la capital provincial, Paraná, donde otro hombre mató a tiros a dos mujeres con las que había estado en pareja. Finalmente en las primaras horas del día lunes, un hombre mató a su ex concubina, a su actual pareja y esta vez fue aún más lejos apuñalando a sus dos hijas de 5 y 7 años de edad, en Concepción del Uruguay.

Siete muertes en 72 horas y la cifra total de femicidios que en el año ya supera ampliamente a las estadísticas de 2015. Pero todo esto tiene un origen, un comienzo que la Organización Mundial de la Salud ya lo adelantó a principio de 2016 cuando estadísticamente confirmó que 3 de cada 10 adolescentes sufren de violencia en el noviazgo.

 

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Tras su paso por el programa El Espejo, Daniela García integrante del Colectivo de Géneros de Concordia, precisó que este es el principio porque “si hablamos de una relación, hablamos que el poder debe estar distribuido en las dos personas de manera igualitaria, pero no siempre se da y justamente cuando el poder se hace más fuerte en una de las dos partes, es cuando se da origen a lo que se conoce como violencia”.

 

Cuando este poder se presenta de manera desequilibrada y cuando permitimos que ciertas barreras sean sobrepasadas entramos en “el juego los peros… Las excusas que se aceptan y por las que se desata la violencia en el noviazgo. (…) ´No pero ella me revisa los mensajes, pero él me dice como tengo que vestir, pero él me dice con quién tengo que hablar, a quien le tengo que poner me gusta en Facebook, pero él me prohíbe que vea o que salga con mis amigas, etc.´ Esto es una violencia que empieza de manera simbólica, que comienza con un enojo tonto, con un no te hablo por media hora y se va transformando en un tire y afloje, en el que gana el que tiene más poder dentro de una relación”, explico García.

 

“Así se empieza, luego se pasa a la violencia verbal y finalmente se llega al último eslabón que es el golpe directo y el femicidio posterior. Ya que hoy tolero un grito, mañana un empujón y pasado una trompada. Sabido es que después del golpe ya nada vuelve a ser igual, no hay vuelta atrás”, advirtió la entrevistada.

 

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Por su parte, Julia, otra de las integrantes del Colectivo de Género señaló que “hay una cultura violenta que naturaliza todo el sometimiento por amor. Pero el amor es libertad, en igualdad de condiciones, porque no es mi propiedad privada y esto es preciso tener en cuenta para no dar lugar justamente a la violencia en el noviazgo, que luego puede trasladarse al matrimonio”.

 

Finalmente, Daniela García concluyó diciendo que “por todas estas cuestiones es necesario que la sociedad no siga naturalizando cosas que están mal; que no le dé la espalda a esto, que grite tantas veces sea necesario. Estas mujeres necesitan ser acompañadas, hay que ayudarlas para que no tengamos que lamentar más femicidios”.

 

 

Vivimos en una sociedad que por las altas temperaturas, por la altura del año, por los problemas económicos, por los problemas familiares, por el stress y por tantas otras excusas más, justifica la violencia con la que se desenvuelve a diario. Lo problemático es que esa misma sociedad es la tiene serías deudas con la humanidad si continua inmersa en esa conducta compulsiva, donde los valores, el respecto, la paciencia y las esencias parecen perderse. Y entonces cabría preguntarnos: ¿Qué le estamos enseñando a los que vendrán, a los que son el futuro del mañana?

 

La violencia no se combate con más violencia y la deuda como sociedad seguirá estando en tanto y en cuanto no recordemos que mis derechos terminan donde empiezan los del otro. Lamentablemente mientras no despertemos, cada vez más jóvenes serán violentos y el contador numérico que nos indica el aumento de femicidios, continuará corriendo ante nuestros ojos.

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