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20 mayo, 2018

El mejor legado…

 

Dominga Calgaro nació y se crió en el campo con muchas limitaciones materiales pero llena de momentos felices. A sus 80 años habla de “amar al prójimo y pensar en los demás”, como dos de los pilares que heredó de sus padres.

 

DOMINGA CALGARO. “Antes la soledad no se sentía. La gente se visitaba, se quería, todos los días rezábamos el rosario en familia”

 

Por Claudia Cagigas

Dominga Calgaro vive en Villa del Rosario, tiene 9 hijos y unos 30 nietos. Es maestra jubilada y acaba de presentar su primer libro de poesías “Embarcados en un futuro elevado, ser simientes del suelo entrerriano”. El motivo de la charla en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí) fue su libro, pero nos metimos de lleno en su historia de vida, cargada de recuerdos de una familia numerosa que vivía en el campo y mantenía las costumbres típicas de los inmigrantes italianos. Dominga resalta en todo momento la figura de su padre, un hombre que con solo segundo grado era un apasionado de la lectura y solía reunir a sus hijos luego de la hora de la cena para contarles lo que había leído, cantar juntos en italiano, rezar y afianzar los lazos familiares. Quizás todo esto fue moldeando el gusto de Dominga por el estudio… hasta que ya de adolescente, cuando no había más posibilidades de estudio en el campo, le confesó que quería ser maestra y le pidió su ayuda para logarlo… y así fue.

 

“Me crié en el campo y el campo me encanta. Mis abuelos eran inmigrantes italianos. Yo tenía 7 años y veía como ellos trabajaban durísimo. Salían de mañana temprano, cuando todavía estaba oscuro y hacía frío… A veces iban descalzos porque no tenían que ponerse. Yo también trabajé muchísimo, en esa época había viñedos, olivares, naranjos, mandarinos, de todo. Después pasó el tiempo, me quise ir a estudiar de maestra y le dije a mi papá. El me preguntó a dónde pero yo no tenía idea. Después me enteré que en Federación había hasta tercer año de la secundaria, entonces él me dijo que me iba a conseguir una buena familia donde pueda estar y así fue. Ahí estuve tres años y después me fui a Concordia a estudiar los dos años que me faltaban. Mi papá me pagaba los estudios. Siendo varón era muy abierto en eso”, sintetizó Dominga sobre aquellos años de su vida.

 

“Mi papá era muy lector, le gustaba leer y hablar con nosotros. De noche se sentaba, nos contaba lo que había leído y cantaba en italiano. En aquel entonces lo único que llegaba hasta Villa eran revistas católicas y un diario (El Pueblo). Se lo mandaban semanalmente por correo. Con segundo grado eran una persona muy instruida y leía muy bien de corrido. Admiro su interpretación de las cosas, él te contaba y parecía que las estaba viendo. Después de cenar nos sentábamos afuera, teníamos un patio con hermosos árboles”.

 

“Embarcados en un futuro elevado, ser simientes del suelo entrerriano”. Primer libro de poesías que acaba de presentar Dominga Calgaro.

 

“Antes la soledad no se sentía. La gente se visitaba, se quería, todos los días rezábamos el rosario en familia… Nosotros teníamos el comedor con puerta hacia el patio y ahí rezábamos el rosario. A veces llegaba el vecino y se ponían a rezar atrás sin saludar, después seguíamos jugando a las cartas, charlando, los gurises jugando a la escondida en el patio hasta que nos íbamos quedando dormidos sobre los bancos de lo cansados que estábamos… Era una vida muy hermosa”, asegura Dominga.

 

“Mi mamá nos enseñó a amar al prójimo y a pensar en los demás. Por ejemplo, nos mandaba a visitar a una tía viejita porque ella no podía ya que tenía que trabajar. Nosotros íbamos y nos encantaba… Así aprendimos a compartir con el otro y lo que uno aprende desde chico lo lleva adentro, como la enseñanza religiosa. Todo eso nos dejaron mi papá y mi mamá.

Fueron muy delicados tanto con el estudio como con la formación religiosa”, concluyó Dominga Calgaro.

 

Historia de vida, historia de familia que nos ayudan a reflexionar sobre un presente tan distinto… Un presente probablemente más recargado de bienes materiales pero tal vez más despojado de presencias, de tiempo compartido, de relatos, de canciones y de patios animados luego de la cena…

 

 

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