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13 junio, 2022

Cómo enfrentar la pérdida de un hijo: Celeste Corrales cuenta el camino recorrido a partir del fallecimiento de Lolo

Celeste Corrales vive en Lanús, provincia de Buenos Aires. Hace tres años y medio enfrentó la muerte de su hijo Lolo (Lorenzo), cuando apenas tenía 15 meses. Su testimonio es valiosísimo porque es un mensaje de esperanza a quienes atraviesan por similar situación y porque, además, junto con su esposo, ayuda a padres que están en su misma condición.

LEONARDO METER Y CELESTE CORRALES. EN LA FOTO JUNTO A LOLO.

Por Claudia Cagigas

La muerte de un hijo representa la crisis existencial más profunda que un ser humano puede afrontar. Pareciera que no hay futuro luego de semejante desgarro, se vislumbra casi imposible que la vida vuelva a tener sentido, sin embargo, ese dolor tremendo se puede transformar con tiempo, trabajo y mucha dedicación. Quienes han atravesado este camino dicen que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. ¿Cuál es la diferencia? El quedar anclado para siempre en la tragedia.

Celeste Corrales vive en Lanús, provincia de Buenos Aires. Hace tres años y medio enfrentó la muerte de su hijo Lolo (Lorenzo), cuando apenas tenía 15 meses. Fue un accidente. Entrevistada en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí), Celeste comentó que el camino no fue fácil, que los primeros tiempos fueron muy oscuros, pero que se puede salir adelante, volver a sonreír y volver a encontrar sentido a la vida. “Cuando recién pasó, mi marido y yo comenzamos a concurrir al Grupo Renacer (de ayuda a padres que han perdido a sus hijos), también busqué una psicóloga, pero no sabía lo que hacía. Uno está como ausente de la vida, es como que el corazón sigue latiendo, pero vos estás en coma, estás aniquilado, no entendés, no podés procesar. Venía mucha gente a casa, hablaban, y yo no podía entender. Creo que la mente entra en estado de shock y nos va sacando muy de a poco para que vayamos cayendo en la realidad, que es muy dura… El entorno es muy importante porque uno está ausente y no puede pensar más que en ese hijo. Al principio es una tortura porque no te lo podés sacar de la cabeza, a la mañana abrís los ojos, decís no lo tengo y es el único pensamiento que tenés en el día. No podés conectar con nada, ni con el trabajo, ni con la familia. Pero después, desandando este camino, buscando herramientas, sabiendo que nos podemos llegar a sentir un poco mejor pensando a nuestros hijos con las anécdotas, con la idea de que alguna vez me voy a reencontrar con él, creyendo en señales, leyendo libros, entendés que seguramente el tiempo de Lolo fue todo su tiempo y que la vida nos condujo a un lugar donde nosotros teníamos que estar. Si todo esto no hubiera pasado yo no estaría haciendo este camino, no lo vamos a entender nunca, pero sí podemos agradecer toda la vida el haberlo tenido”.

El testimonio de Celeste es valiosísimo porque es un mensaje de esperanza a quienes atraviesan por similar situación y porque, además, junto con su esposo, ayuda a padres que están en su misma condición. Se los puede encontrar en Instagram como mundoalolado. “No somos profesionales. En el Instagram contamos nuestra historia, compartimos lo que nos hace bien, brindamos herramientas, lo que sea que sirva para reconstruirnos”, dijo. También les llegan testimonios de otros papás, algunos de los cuales comparten en las redes sociales persiguiendo el mismo fin de ayuda.

El dolor se va transformando

“En un primer momento uno cree que el dolor es para toda la vida, pero ese dolor se va transformando y llega un momento en que uno recuerda al hijo con alegría por haberlo tenido. El amor que uno le tuvo a ese hijo es tan grande, que la tristeza queda chica; siempre el amor es más poderoso, entonces uno va transformando la tristeza, la va trabajando y el bienestar llega, pero con ese paso tan importante que es aceptar que hay cosas de la vida que no vamos a entender, que no somos tan poderosos como para evitar la muerte de ese hijo, pero sí somos lo suficientemente poderosos como para poner el amor por encima del dolor, de la tragedia, de lo terrible que haya ocurrido. Ese es el camino que hay que desandar para llegar al bienestar”, explicó.

Una de las herramientas que ayudó a Celeste y a su esposo Leonardo a enfrentar la pérdida de Lolo fue el Grupo Renacer. “Es muy importante difundir que existe este grupo, porque propone una filosofía totalmente distinta a lo conocido. En el Grupo Renacer no hacemos hincapié en la manera en que fallecieron nuestros hijos porque, sino, uno se queda anclado en ese recuerdo, a esa última imagen. Lo que uno enfrenta y tenemos en común es la ausencia de ese hijo, no importa cómo falleció. Importa qué hacemos en adelante para que ese hijo esté presente de una manera distinta en nuestra vida”.

CELESTE, LOLO Y LEONARDO.

Los primeros pasos luego de la pérdida de Lolo

“Juntarnos con personas que atravesaron lo mismo nos allana un poco el camino, porque te da la posibilidad de observar a aquel papá que hizo un recorrido de amor y logró estar bien luego de mucho trabajo y, por el contrario, también puedo observar a esa mamá que quizás hace 30 años que está anclada en su dolor. Eso me permite elegir como quién quiero estar y preguntarme qué hizo ese papá para estar bien; cómo puedo hacer yo y ahí surgen otros intercambios”, explicó Celeste en relación a lo mucho que le aportó Renacer. “Por ejemplo, ahora falta muy poquito para el Día del Padre, entonces podría preguntar vos qué hiciste el primer Día del Padre sin tu hijo para pasarla lo menos triste posible. Ese intercambio es valiosísimo, nos ayuda a transitar el camino”.

¿Se puede volver a ser feliz a pesar del dolor?

“Hoy en día hablo de mi hijo Lolo y se me enciende la mirada. Agradezco que haya pasado por mi vida, aunque fue un tiempo cortito. No importa, ese seguramente era todo su tiempo, hubiera dado todo porque no hubiera sido ese el resultado, pero fue lo que fue y fue maravilloso. Abrazo esos 13 meses compartidos como una etapa muy gloriosa de mi vida en donde lo tuve. Hubo muchas cosas que no conocí de mi hijo, no conocí la voz, no conocí su color favorito, pero lo que conocí, como las pataditas en la panza para las mamás que no lo vieron nacer o ese test de embarazo que confirmó que venía en camino, me dieron una alegría inmensa. Entonces digo, me puedo basar en todos esos recuerdos hermosos que me deja mi hijo y también puedo proyectar el futuro porque voy hacia él, voy hacia el lugar donde está él. Mi idea es que en ese reencuentro Lolo me diga ‘mamá estoy orgulloso de vos, de lo bien que llevaste adelante tanto dolor y tanto amor”.

Lolo era el primer y único hijo de Celeste y Leonardo cuando falleció. “Nos quedamos en casa solos. Fue terrible y todo el mundo se preocupaba por cómo íbamos a seguir viviendo porque no teníamos más hijos. Y a cada uno le toca en la situación que le toca. Yo no sabía si podía volver a tener hijos, si quería ser mamá nuevamente, no me importaba eso. Uno termina abrazando tanto el dolor, que con la condición que me tocó a mí, pude dedicarme al ciento por ciento a salir adelante… Todos los días de mi vida tenías cosas que hacer: grupo, psicólogos, audios de Spotify, reuniones… El primer año fue así y eso también nos ayudó a pasar las fechas dolorosas”.

EL RECUERDO DE LOLO ACOMPAÑA A ESTOS PADRES, YA PINTADO CON ALEGRÍA.

Transformar el dolor en algo positivo

El primer cumpleaños de Lolo sin Lolo fue durísimo. “No queríamos gente en casa, entonces pensamos en dar una tarea a nuestra familia. Hicimos un cartelito, se los mandamos por whatsapp y los invitamos a tirar un globo amarillo al cielo en conmemoración a Lolo. Amarillo porque yo pienso que hubiera sido su color favorito. A la mañana, temprano, una prima nos mandó un video tirando un globo amarillo; luego mi papá nos mandó otro video. Comencé a compartirlos en las redes sociales y eso se hizo tan viral, que familiares y amigas que viven en otros países, también nos mandaban videos tirando globos amarillos. Fue una cosa tan hermosa que terminamos ese día tirados en el sillón, muy tristes, mirando esos videos, pero conmovidos porque tanta gente que estaba haciendo lo mismo, en forma simultánea, en tantos puntos del país y del mundo”.

Para el segundo cumpleaños de Lolo sus papás quisieron hacer algo por otros chicos y así pidieron la donación de empanadas para un comedor. La realidad superó sus expectativas y en vez de 50 docenas consiguieron 120 docenas que llevaron a un comedor de La Plata, fundado por una mamá en homenaje a su hijo fallecido.

Para el tercer cumpleaños redoblaron la apuesta y juntaron empanadas para dos comedores. “La gente nos esperaba con carteles que decía Feliz Cumpleaños Lolo y eso fue hermoso… En un comedor los chicos nos habían preparado una canción y terminamos bailando con ellos. Volvimos con el corazón lleno de amor y le agradecimos a Lolo por habernos reconducido en la vida”.

“No es fácil, es un camino que incluye mucho dolor, mucha tristeza, pero no nos tenemos que olvidar que ese camino también incluye mucho amor, que es el amor que le tenemos a ese hijo. Ese amor sigue latiendo y el único lugar donde está nuestro hijo es el corazón. Así que mejor llenemos ese corazón de los sentimientos más hermosos, para que convivan con él”, resaltó Celeste.

Tiempo después, Apolo llegó a la vida de Celeste y Leonardo. Pero cada hijo ocupa su propio espacio y la atención que demanda Apolo no quita tiempo a las actividades que se realizan para recordar a Lolo.

CELESTE Y LEONARDO JUNTO A SU SEGUNDO HIJO, APOLO.

¿Cómo se maneja el miedo a una nueva pérdida?

“He conocido a papás que han perdido dos hijos y han tenido un camino complejo. Si alguien me hubiera dicho el desenlace con Lolo, yo me hubiese encerrado con él en una burbuja de cristal; él no hubiese aprendido a caminar, no hubiese ido al jardín y eso no es normal. Un hijo tiene que crecer, tiene que ir al jardín, tiene que reír, tiene que comer, tiene que vincularse con otros, tiene que ser feliz con amiguitos no solo con la mamá, entonces confío en que la vida tiene un plan para nosotros y que ese plan es inamovible, que lo que tenga que suceder va a suceder, que ojalá que lo que suceda sea parecido a lo que yo espero y sino, tendré que apelar a herramientas y para fortalecerme. Es decirle sí a la vida, pero con lo que la vida va a traer. En esto confío y esto es lo que trato de transmitir”.

El relato de Celeste es un canto a la vida, un bálsamo para aquellos padres que están transitando el duro camino de la pérdida y una esperanza de que se puede volver a ser feliz a pesar del dolor desgarrador. Como ella misma describe, nadie puede controlar la vida, no tenemos certezas de que las cosas van a salir bien, pero hay que arriesgarse sin pensar cuánto puede durar.  Disfrutar el presente, de eso se trata.

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