Sanar nuestro pasado a través del Niño Interior

El Niño Interior es un concepto nacido de la Terapia Gestalt. Sostiene que es posible abrazar nuestras heridas del pasado, desde el adulto que somos, para sanarlas y tener un mejor presente. Esta es una nota con la psicóloga Perla Correa Salgado.

PERLA CORREA SALGADO. «El Niño Interior viene a sanar las heridas primarias que uno tiene y que generalmente se producen por lo que esperaba de los padres y lo que realmente obtuvo».

Por Claudia Cagigas

La Terapia Gestat sostiene que todos llevamos dentro un Niño Interior que guarda las impresiones fuertes que nos afectaron en los primeros años de vida, las necesidades insatisfechas, las situaciones que provocaron dolor. Estas emociones siguen intactas sin que seamos concientes, determinando las relaciones que en el presente tenemos con los demás. De acuerdo a esta línea de pensamiento, sanar esas heridas de manera rápida y efectiva es posible, trabajando con el Niño Interior.

“El Niño Interior viene a sanar las heridas primarias que uno tiene y que generalmente se producen por lo que esperaba de los padres y lo que realmente obtuvo. Quizás de niños nos sentimos solos, abandonados y todas esas cuestiones se actualizan en la adultez. Se descubrió que, a través de sanar el Niño Interior, la gente tiene mejores vínculos con los demás, porque ya no pide a otros que cubra las necesidades que tuvo desde niño”, explicó la psicóloga Perla Correa Salgado en el programa El Espejo (Radio Show Chajarí).

¿En qué consiste la sanación del Niño Interior?

La sanación del Niño Interior se realiza de muchas maneras. “Puede ser a través de meditaciones guiadas que nos pueden ayudar a registrar experiencias de la infancia; escritura de cartas a una persona que nos hirió (que nunca se entregan); hablar a una silla vacía como si fuera quien nos lastimó, entre otras técnicas. El terapeuta ayuda a visualizar lo que quedó guardado en nuestro interior”, indicó Correa Salgado.

PERLA CORREA SALGADO. «La sanación no solo tiene que ver con los primeros años de la infancia sino que también puede ser transgeneracional».

Sanación transgeneracional

“Comenzamos con los primeros años de la infancia, pero luego seguimos hacia atrás: abuelos, bisabuelos, tatarabuelos. Porque, así como heredamos el color de pelo, de piel, de los ojos, también heredamos los traumas de nuestros antepasados. Entonces lo que no se resolvió en una generación, es probable que se actualice en la siguiente o en la subsiguiente”, dijo.

Los traumas de nuestros antepasados llegan a nosotros sin necesidad de que nadie nos hable de ellos. “Tenemos un inconciente colectivo que se transmite de generación en generación. Uno crea mitos en la familia, pero cuando empezamos a escarbar, encontramos algunas mentiras (grandes o pequeñas). Tenemos un legado familiar que también debemos sanar”. A modo de ejemplo, agregó: “Puede que una nieta encuentre siempre parejas infieles y no sabe por qué… Y puede que en el árbol familiar encuentre que el abuelo tenía una familia paralela… Tal vez siempre creyó que el abuelo era impoluto y divino, pero gracias al Niño Interior, quizás empiece a ver las memorias con las que carga. Haciendo conciente esa memoria inconciente, puede trabajarla y sanar”.

Si bien todos acarreamos con heridas de la infancia, en algunos casos la repercusión en el presente se siente con más peso. Los síntomas pueden ser muchos. “Una persona puede tener ataques de ira con sus hijos o con su marido; o puede estar enojada con la vida y agarrárselas con todo el mundo… Un gran problema es que no nos enseñaron a gestionar conflictos sino el paradigma del sacrificio para lograr cosas en la vida y hoy hablamos del paradigma del dejar fluir. Jorodowsky dice que atraemos a aquellas personas perfectas para aprender y evolucionar; personas que nos traen problemas y aunque no nos demos cuenta, pero en realidad nos están mostrando que debemos amarnos más, porque hasta que yo no me ame voy a seguir teniendo jefes déspotas, vecinas que me ignoran, parejas que me maltratan”.

En definitiva, la sanación del Niño Interior apunta al autoconocimiento, al contacto con uno mismo, a la introspección, para conectarnos con las situaciones que nos hirieron y que en la actualidad se actualizan con una palabra, un grito, una reacción de otra persona, recreándonos el mismo dolor que sentimos de niños. Darnos cuenta de qué fue lo que nos lastimó, es la clave para poder sanar, posicionarnos en otro lugar, tener relaciones más sanas y un presente mejor.