Venezolanos en Chajarí hablan de la desaparición de personas, torturas y de la cruda realidad que vive su país

Millerson Gelvis (26) y­­ Ninoska Ramos (27) son venezolanos y viven en Chajarí desde hace un tiempo. Millerson estudió Turismo y aquí ejerce como coordinador de viajes en la empresa Chajarí Bus. Ninoska es médico cirujano y, mientras acomoda sus documentos para poder ejercer su profesión, trabaja en cosmetología. Ellos cuentan la dura realidad de su país.

MILLERSON GELVIS. «En Venezuela es un delito manifestar, es un delito una marcha pacífica, es un delito reclamar por los derechos. Te meten a la cárcel y todos los hechos de secuestros y torturas son ciertos «.

Por Claudia Cagigas

Millerson Gelvis (26) y­­ Ninoska Ramos (27) son venezolanos y viven en Chajarí desde hace un tiempo. Millerson estudió Turismo y aquí ejerce como coordinador de viajes en la empresa Chajarí Bus. Ninoska es médico cirujano y, mientras acomoda sus documentos para poder ejercer su profesión, trabaja en cosmetología. Entrevistados en el programa EL ESPEJO (Radio Show), hablaron si pelos en la lengua sobre la dura realidad que se vive en su país más allá de cualquier discurso político. A continuación, la realidad que el pueblo venezolano vive a diario.

Días atrás, una información internacional decía: “La ONU crea una misión internacional para investigar la violación de los Derechos Humanos en Venezuela: torturas, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzosas, detención arbitraria, tratos crueles, inhumanos y denigrantes desde 2014”. Consultado sobre el particular, Millerson Gelvis, dijo: “Es exactamente así, a pesar de que no se lo muestre en los medios de comunicación, en Venezuela es un delito manifestar, es un delito una marcha pacífica, es un delito reclamar por los derechos. Te meten a la cárcel y todos los hechos de secuestros y torturas son ciertos. Muchas veces dicen que la ONU va a mandar a supervisar, pero no hacen nada, no sé qué hay detrás porque siempre van, se dan cuenta de todo y nunca hacen nada”.

La Constitución Venezolana contempla que una persona puede manifestarse contra el Estado siempre y cuando no cometa hechos de vandalismo. “Pero en Venezuela inmediatamente te mandan a la Guardia Nacional y ellos no son de hablar. Llegan y disparan. Yo estuve en una manifestación en Caracas porque la situación que se vive ahí te lleva a reclamar. Enseguida llegaron, empezaron a largar gases lacrimógenos y las personas de mi edad empezamos a responder contra la Policía con piedras. Entonces ellos se agarran de eso para decir que no es pacífica. Agarraron a todos los que podían en las motos y después cobran millonadas para dejarte salir de la cárcel; hacen violaciones con palos de escoba, te meten perdigones a quemarropa, hace poco tiempo mataron a un líder político tirándolo de un cuarto piso”, relató Millerson conteniendo el dolor y el espanto.

Con sólo 26 años de edad, tiene amigos, compañeros que ya no están y que también han desaparecido por oponerse al régimen de Maduro. “Hay un lugar al que todos le tienen miedo. Se llama la tumba. Es la tortura más fuerte del Estado: te meten en una especie de urna, como un cajón, durante varios días y noches sin comida, sin agua, sin luces, te empezás a volver loco y salís con trastornos para siempre. La gente le tiene pánico a eso. Tengo amigos venezolanos, que son desertores y mostraron pruebas de lo que hace el Estado: personas con infecciones en su cuerpo, metidos en una celda reducida con 20 personas más, tirados en el piso con la pudrición en sus partes y sin atención médica. Al Estado no le importa que se mueran. Mi amigo se fue de Venezuela con la familia, después mostró todo eso y lo mostró ante la ONU. Sabía que si se quedaba lo iban a matar. Y como ese caso hay muchos otros, lo que pasa es que muy difícil que esto se haga público, ustedes solo ven un 5% de lo que pasa en Venezuela”.

“Es fácil decir por qué no sacan ese gobierno… pero hacerlo es imposible”

“Es fácil decir como no lo sacan a Maduro. Un inspector de las fuerzas especiales, Oscar Pérez, montó un grupo de fuerzas especiales en Venezuela y lo intentaron: vayan a verlo al cementerio. Su familia tuvo que huir del país porque los iban a matar. También se han alzado militares que están muertos o presos. ¿Y quien quiere ir a un lugar donde las probabilidades de éxito son nulas? Porque aunque maten a Maduro, se monta otro en el gobierno. Se murió Chávez y ahora lo tenemos a Maduro que es mil veces peor. Todos queremos hacerlo, pero primero está nuestra familia y si ustedes se encontrarían en esa situación probablemente lo pensarían dos veces”, contó Millerson.

“El problema es que todos los poderes están en mnos del Estado: el Poder Electoral, el Poder Judicial, el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Yo fui guía turístico del Palacio Federal Legislativo donde está la oposición y ellos hicieron una Asamblea aparte, le quitaron los poderes a ésta que fue electa por la población e hicieron una a dedo que le aplaude todas las leyes que Maduro saca. Entonces tienen todo a favor, la única forma de sacarlo es con la fuerza militar, pero por la corrupción, también la tienen a favor”.

¿Cuesta salir de Venezuela cuando uno tiene una profesión?

Para salir de Venezuela las puertas están “abierta”. El problema es el costo elevado para poder hacerlo, en un país donde sus habitantes tienen un sueldo mínimo promedio de 0,99 dólares mensuales –la mayoría-. “Hace 10 años atrás no costaba tanto porque cualquiera podía tener su pasaporte e irse, pero desde que tomó la presidencia Maduro, obtener la documentación legal se convirtió en un negocio de la corrupción y para obtener tu pasaporte en un tiempo razonable tenés que pagar una suma elevada. Mi cuñada tuvo que pagar 800 dólares por el pasaporte y ahora cuesta más”, dijo Millerson Gelvis.

Si 0,99 dólares mensuales de salario es algo increíble, irrazonable, Ninoska, como médica, cobraba seis dólares mensuales. Y con ese dinero no sólo debía vivir sino también comprar insumos para atender a sus pacientes.

¿Cómo viven con esos salarios irrisorios?

“Una persona que gana un sueldo mínimo le alcanza para comprar 1 kilo y medio de queso. En Caracas la crisis pega más fuerte porque no se producen alimentos y en Merida, de donde es Ninoska, es un poco más fácil la vida porque está más al centro, hay más campo, hay más animales y está a tres o cuatro horas de la frontera con Colombia. Y si bien no es fácil conseguir una cantidad de dinero para comprar en la frontera, la posibilidad está”. Agregó Millerson.

Cuatro millones de venezolanes dejaron su país en los últimos años buscando un futuro mejor y también para poder sostener a su familia que quedó en Venezuela. “Casi todos tienen un familiar afuera y así pueden vivir con lo que les mandamos. Y si bien los alimentos no se consiguen, hay personas que se dedican a hacer bachateo, colas interminables de dos o tres años afuera de los supermercados, para comprar y revenderlos al 1000 por ciento. Entonces nuestros familiares o tiene que hacer esa cola o comprar a esta gente”.

Cierto es que el Gobierno de Venezuela aporta una caja con alimentos. “Pero esto es para los que son partidarios, para los que están afiliados. Se les da una caja de alimentos una vez al mes que contiene 1 kg de pasta, 1 kg de arroz, un aceite, 1 kg porotos, 1 kg de azúcar y sal… Después están los enchufados, los que trabajan con el gobierno y son más beneficiados. Los que no están en el gobierno y no tiene familia afuera que los pueda sostener, caen en la desnutrición”.

Educación gratuita y una herramienta para dejar el país

“Las mejores universidades que tiene Venezuela son públicas a pesar de la situación del país. La calidad educativa es buena. El problema es conseguir las cosas (libros, cuadernos…) para ir a la facultad, qué comer, como llegar… Hay muchas personas que a pesar de todo lo intentan para poder salir del país, siempre está el pensamiento de poder salir… Muchos colegas míos por ahí quieren hacer un postgrado y no pueden a pesar de que la universidad es gratis”, comentó Ninoska.

NINOSKA RAMOS. Médica cirujana venezolana radicada en Chajarí.

Salud pública: hay profesionales, pero faltan insumos

En Venezuela la atención de la salud es gratuita. “Los profesionales nos organizamos para atender pero no hay insumos –nos llegan cada tres o seis meses-. Cuando trabajé en la Maternidad muchas de las cosas que necesitaba las compraba yo porque no había y era el único lugar donde se brindaba este servicio. Es una comunidad grande, me llegaban emergencias y necesita contar con insumos, entonces prácticamente yo tenía que comprar el material para la atención primaria de cualquier persona en trabajo de parto para resolverle el problema y ayudarla. Llegó un punto en que cada centro de salud tenía un listado en la puerta de lo que tenía que llevar el paciente para poder ser atendido, desde gasas a las cosas más básicas”, comentó Ninoska.

¿Qué explicación da Maduro sobre la situación?

“Maduro habla de una guerra económica en contra de Venezuela, cuando casi todas las empresas que producen alimentos en el país fueron expropiadas por Chávez. Tenía todo el aparato productivo, excepto Alimentos Polar, que manejaba el 40% de la producción de alimentos y fue la única que no pudo expropiar y la que hoy está dando la cara por la comida del venezolano. En todas las empresas Chávez expropió, sacó al personal y metió a dedo otra gente para ganarse su favor, aunque no sepan nada de producción de alimentos. Las empresas terminaron quebrando, como Café de América que se fue. Todo por la mala gestión de gobierno y ahora dicen que fue el bloqueo de Estados Unidos, por una guerra económica, pero el bloqueo no se lo hacen a las empresas privadas sino al dinero de Chávez y Maduro que tienen sus cuentas en EEUU, Suiza y en todos los países que puedan. La propiedad de las empresas expropiadas quedó en manos del estado, los supermercados. Y se creó un sistema humillante de distribución de alimentos porque a las personas le marcan el brazo para saber si pueden comprar o no…”, explicó Millerson.

Cuatro millones de venezolanos fuera del país esperan volver. Cuatro millones de venezolanos que añoran a sus padres, a sus hijos, a sus seres queridos… No pueden retornar porque son el sustento económico y la única forma de que su familia no caiga en la indigencia absoluta. En Chajarí son unos 15, que con su trabajo cotidiano aportan para que esto no suceda.