Luego de 20 años de drogas, Martín se recuperó en el Hospital de Día de Chajarí

Es el primer paciente que obtuvo el alta terapéutico en los dos años que tiene esta Institución. Los tratamientos son gratuitos y se realizan de lunes a viernes en horas de la mañana. La asistencia diaria es obligatoria como así también el cumplimiento de las actividades propuestas.

Por Claudia Cagigas

Martín es de Chajarí. A los 17 años comenzó a consumir drogas y durante 20 años no paró, hasta que un año y medio atrás decidió que ya había tocado fondo varias veces y aceptó buscar ayuda. Así llegó al Hospital de Día, que funciona en el Hospital Santa Rosa de Chajarí, donde se abocan a la recuperación de pacientes adictos. Entrevistado en el programa EL ESPEJO (Radio Show), contó su historia.

“En los 90 vivía acá en Chajarí. Era la época del rock and roll. Yo usaba el pelo largo, remera negra, pantalones rotos, no tomaba nada, ni siquiera cerveza, pero me decían falopero, adicto… Siempre tuvimos una sociedad muy prejuiciosa. Un día me cansé de que me señalen y le dije a mi amigo ‘quiero probar’. Después me fui a Buenos Aires y ahí empecé con sustancias más pesadas por una cuestión social: conocés gente nueva, querés pertenecer a cierto grupo, no querés ser el que no se droga”, recordó Martín sobre sus inicios en el consumo de estupefacientes.

En todo pausado, como urgando delicadamente en su memoria para poner lo vivido en palabras, agregó: “Consumir se vuelve algo normal. Te acostás pensando en lo que consumiste y abrís los ojos pensando en cómo conseguir  más. Nunca te das cuenta que tenés un problema. El tema es cuando te acostumbrás a vivir de esa manera: siempre perdés, te acostrumbrás a tocar fondo todos los días. Y tocar fondo es encontrar que estás solo, sin familia, sin trabajo, que vivís en condiciones que generalmente no vivías. Tu único tema de conversación es la droga, sólo frecuentás a la gente que está en la misma que vos, ves a quienes no consumen como pelotudos”.

Como tantas otras personas que han transitado el penoso camino de las adicciones, Martín tapaba cosas de su vida. “Comencé el tratamiento porque no me quedaba otra, porque se me terminaron las mentiras -el adicto miente a la perfección todo el tiempo-. Tuve que pedir ayuda a mi mujer, que en ese momento también había perdido… Ella tuvo que organizar su vida para que yo pueda organizar la mía. En ese momento yo estaba viviendo solo, entonces ella llevó a lo de mi papá y mi papá también se hizo cargo, Me acuerdo que el primer mes no podía ni hacer media cuadra sólo para comprar cigarrillos, porque la persona que te está cuidando tampoco sabe cómo cuidarte. Ellos querían prevenir que caiga en el consumo. Siempre estuve acompañado por la familia que pensaba que no estaba…”, recordó con emoción.

Como tantos otros adictos, nunca había considerado la posibilidad de parar. Una vez en el Hospital de Día “me peleé con todos, los grupos son buenísimos, pero me molestaba la huerta y el taller de circo… Uno no sabe para qué tenés que hacer esas cosas… A los 8 meses entendí para qué me servía: hacer las cosas que uno no quiere hacer, fomentar la paciencia, manejar la frustración… El taller de circo era bastante frustrante también, hay una parte donde te hacen hacer malabares y pensás cómo tres pelotitas van a ser efectivas, hasta que un día me explicaron: la frustración de que se te caiga todos los días al piso te ayuda a manejar las frustraciones que surgen todos los días. Y entender que eso que me frustraba tanto era solo una pelotita que se me caía al piso, me ayudó”.

Luego de un año y medio de tratamiento Martín cambió su vida y la de su familia, pero atacó su adicción desde varios lados. “Empecé de a poco a entender lo que estaba haciendo. En el hospital tuve apoyo todo el tiempo y cuando te das cuenta de todo lo que hacen los profesionales; de todo lo que hace tu familia, empezás a poner de tu parte y a generar relaciones sanas”.

Hoy tiene su trabajo, recuperó su familia, no usa redes sociales ni celular porque considera que fue mucho el tiempo que se abstrajo y prefiere conectarse con cada minuto de su vida.