Cuando una pareja se separa… cuando los padres se separan

 

“Hay que tener mucho cuidado porque hay separaciones destructivas”, donde “es más importante ver y hacer sufrir al otro” sin prestar atención al sufrimiento de los propios hijos, dijo la psicóloga Rosana Percara.

 

 

 

Por Claudia Cagigas

Cuando una pareja llega a su fin, a veces cuesta reconocerlo y tomar decisiones. Sin embargo, vivir en una relación vincular hostil tiene consecuencia físicas y emocionales en la salud, a las que se refirió la Psicóloga y especialista en Parejas y Familia, Rosana Percara. “Una relación vincular hostil es una fuente de estrés muy importante, sobre todo en las personas vulnerables y en la mujer, porque la mujer es como que está todo el tiempo más pendiente del otro. En el varón afecta un poco menos y, en general, luego de la separación, si hizo otra pareja se aleja mucho de los hijos. Esto provoca un estrés muy importante en la familia y los hijos quedan muy afectados, más si con la nueva pareja ya venían siendo amantes previo a la separación”, sostuvo la especialista en el programa EL ESPEJO (Radio Show Chajarí).

 

Cuando el estrés supera la capacidad de soportar

“Hay un estrés de tipo saludable y otro que llega a superar las posibilidades de soportar de las personas. Cuando una persona es sometida a un estrés crónico, empieza a generar enfermedades físicas o emocionales. Por eso hay que cuidarse mucho de las relaciones hostiles, que pueden tener violencia física, verbal o psicológica. Hay personas que castigan a su pareja a través de los hijos y esto es tremendamente destructivo”, dijo Percara.

 

Antes, la gente solía soportar relaciones hostiles por temor al dolor que una ruptura de pareja provocaría en los hijos o por el qué dirán. Sin embargo, las situaciones de violencia física, verbal o psicológica vividas dentro del hogar afectan mucho más que una separación a tiempo.

 

“Hay que cuidar a los hijos de esas situaciones”, agregó la psicóloga. No obstante, reconoció que “es una encrucijada muy importante cuando hay hijos, porque ellos siempre quieren ver a sus padres juntos y aún cuando se separan siempre siguen con la fantasía que en algún momento van a volver. Es muy difícil sacarlos de esa fantasía… Son casos muy difíciles pero a veces la separación es lo más saludable”, sostuvo.

 

ROSANA PERCARA, PSICOLOGA ESPECIALISTA EN PAREJA Y FAMILIA EN EL PROGRAMA EL ESPEJO – RADIO SHOW CHAJARI.

 

¿Cuándo la separación es más saludable para los hijos?

“Cuando existe violencia física o verbal, cuando la pareja ya no puede reparar lo que le pasa y cuando la distancia emocional es demasiado grande. En ese contexto los hijos empiezan a sufrir. Hay un indicador muy importante que veo en el consultorio: los hijos empiezan a pedirle a los padres que se separen o cuando los padres logran separarse, los hijos sobre todo adolescentes, empiezan a decirles que se tendrían que haber separado hace muchos años. Esto habla del sufrimiento psíquico que han tenido y que tal vez no hay podido expresar”.

 

Cuando la separación es inevitable, “hay que tratar de evitar las separaciones destructivas”. En una separación destructiva, “es más importante ver y hacer sufrir al otro”, sin prestar atención al sufrimiento de los propios hijos. “Una separación destructiva siguen siendo destructiva durante muchísimos años y los chicos siguen sufriendo”, aseguró Rosana Percara.

 

En una separación sana, papá y mamá deberían entender que lo que se rompe es la pareja, no el vínculo con los hijos. Y, por sobre todas las cosas, intentar preservarlos de las consecuencias de las conductas inapropiadas de los adultos.

 

Sea como sea el tipo de separación, Rosana Percara aconsejó mostrar las emociones a los hijos. “No se la pasen llorando, pero no sean incoherentes. Muéstrenle que hay cosas que les produce risa y otras que producen llanto… Es bueno mostrarles a los hijos que uno también está sufriendo, porque salir adelante no tiene que ver con no sufrir sino con elaborar el duelo. Lo que no se sufre, se retrasa. Por eso, hay que darse un tiempo para sufrir, aceptar que las fuerzas disminuyen, ser compasivo con uno mismo y quererse”, concluyó.