Historias de la vida real: Bautista, Sebastián y su recuperación de las drogas

Cecilia Laderach, Carolina Vega, Sebastián, Juan Bautista y Marcela Braun. Psicólogas y chicos que hoy pueden “mirar con la cara limpia”, según ellos mismos refieren.

 

Por Claudia Cagigas

Juan Bautista tiene 21 años. Comenzó a consumir alcohol a los 14 y al poco tiempo drogas. Al principio pensó que había encontrado la fórmula mágica para evadir su timidez y tapar su tristeza, pero con el correr del tiempo la telaraña lo atrapó… Tan lejos estaba de la realidad que no pudo sentir siquiera la muerte de su padre, hasta que, tiempo después, comenzó su rehabilitación en El Arte de Volver. Ya lleva un año y nueve meses de tratamiento y en ese proceso pudo enfrentar su realidad y comenzar a trabajar tantas cosas irresueltas…

 

Sebastián tiene 18 años. Comenzó a consumir alcohol a los 12 cuando, siendo un niño, empezó a concurrir a los bailes estudiantiles. La droga pronto se incorporó a su vida. Vivía con su madre y también tenía muchas cosas de las que se quería evadir. Como todo adicto, comenzó a manipular y sacar ventaja de las diferencias entre sus padres.

 

Hay al menos tres aspectos claves y comunes en ambas historias: la falta de límites, la timidez y la tristeza. La curiosidad es otro de los ganchos que atrapan. En el programa radial EL ESPEJO (Radio Show Chajarí), Juan Bautista contó que probó droga impulsado por la curiosidad. “Mucha curiosidad  y al conocer cuál era el efecto creí que con eso podría tapar mi tristeza y mi timidez”.

 

Acceder a las drogas es muy fácil, más de los que podemos imaginar. “Es una de las cosas más comunes de Chajarí. Vas a la estación un domingo y por todas partes hay gente consumiendo, vas a un boliche, al baño de cualquier parte y vas a encontrar gente consumiendo. Yo llegué a consumir en plazas a plena luz del día porque llega un momento en que te olvidás de la gravedad del asunto”, dijo Juan Bautista.

 

Otro elemento común en quienes consumen o consumieron es la sensación inicial de que pueden manejar la situación y que “no pasa nada”. Pero Juan Bautista llegó al punto de deprimirse mucho cuando no tenía para consumir. “Si no tenía droga consumía alcohol, pero más que nada sentía apatía, aburrimiento, depresión al caer en la realidad de que no estudiaba, no hacía nada con mi vida. Me empecé a dar cuenta que tenía un problema cuando ya estaba en Rosario: no estudiaba, consumía todos los días y necesitaba la droga. Me decía no voy a consumir más y al otro día terminaba consumiendo igual”.

 

En el caso de Sebastián -ese niño que comenzó a salir a bailar a los 12 años- luego de un tiempo de consumo comenzó un tratamiento de rehabilitación en El Arte de Volver pero abandonó unos meses más tarde. Volvió a las drogas, se sumergió en la peor pesadilla hasta que un día, ahogado por la vida que llevaba, pidió ayuda a su padre, volvió al Arte de Volver y decidió tomar las cosas en serio. Hace un año y ocho meses que está en rehabilitación y siente mucha angustia cuando se acuerda de aquel tiempo al que no quiere volver.

 

Juan Bautista, en cambio, supone que su mamá desde los 17 años “se estaba dando cuenta que pasaba algo pero nunca se animó a abrir los ojos”. “Pasaron muchas cosas, llegaba alcoholizado a casa y con la cara demacrada por el consumo y era como que se pasaba por alto lo que era obvio. Yo no le daba importancia a nada más que a las drogas y al alcohol. No le daba el reconocimiento a mí familia, ni siquiera me quería a mi mismo…  Creo que siempre fui una persona que me evadí de la realidad y eso me generaba desmotivación… Lo que pasó con las drogas es que empecé a pensar que la única forma de disfrutar de un momento y eso me generó más depresión y más desmotivación”, dijo.

 

Un día, un tío de Juan Bautista intentó tomar cartas en el asunto pero no le fue muy bien. “Mi tío empezó a verme mal, muy soberbio, cínico, llamó al Arte de Volver y le avisó a mi mamá. Mi mamá al principio estaba muy cerrada con que me lleven a un centro de rehabilitación, no quería saber nada, estaba muy confundida. Pasó un tiempo y otras personas le dijeron a mi mamá que yo estaba con una junta rara, con chicos que consumían y ahí ella dijo ‘bueno, vamos a probar’ y ahí empecé en El Arte de Volver… Y empecé a crecer, porque hasta ese momento era una planta, un ser que no vivía, que no disfrutaba de nada”.

 

Entrar al tratamiento no fue fácil. “Directamente entré en crisis porque fue encontrarme con lo mal que estaba pero no me quedaba otra, tenía que enfrentar lo que estaba pasando… fue como nacer de vuelta porque tuve que enfrentar mi vida desde el principio. Yo ni siquiera sentía la muerte de mi papa, no sentía que había perdido un ser muy importante, estaba apagado emocionalmente”.

 

Cecilia Laderach, Carolina Vega, Sebastián, Juan Bautista y Marcela Braun. Psicólogas y chicos de El Arte de Volver. Ellos mismos decidieron que sus fotos sean publicadas.

 

 

La familia y la negación

En las historias de adicciones suele aparecer la negación de la familia, al menos en una primera instancia. La psicóloga Carolina Vega, refirió que “la negación es un mecanismo de la familia que hace que los chicos lleguen a tener tantos años de consumo. En la mayoría de los casos, no en todos, tiene que pasar mucho tiempo para que se tome conciencia”.

 

Por otra parte, “la ayuda de la familia, el hacerse cargo de los errores cometidos es fundamental para salir adelante. Solos los chicos no pueden recuperarse, el apoyo de la familia es indispensable”, expresó.

 

En este sentido, la psicóloga Cecilia Laderach explicó que “el tratamiento tiene diferentes espacios, la terapia individual es una, la familiar es otra, los grupos con los chicos, con la familia, con los hermanos, con los amigos son otros”.

 

Por su parte, la psicóloga Marcela Braun agregó que “el tratamiento no es fácil… A veces sucede que la persona necesita tocar fondo, sobre todo cuando es un adulto, pero no podemos dejar que un adolescente toque fondo porque las tocada de fondo son bravas, son difíciles y algunas con trauma de por medio o sin retorno. Entonces la responsabilidad es nuestra, de los adultos”.

 

Finalmente, Marcela Braun explicó por qué es necesaria la realización de un tratamiento para dejar de consumir. “Hay personas que han dejado de consumir drogas por un período largo. El tema es que tenemos el período de consumo y el no consumo más. Y toda la cuestión que está en el medio es lo que se trabaja en el tratamiento, en la terapia. La persona que no ha tenido acceso a esto, en lo emocional y en lo psicológico no hay cambio, no se recupera y la enfermedad vuelve a aparecer. Por eso es que no se puede salir solo. Se deja de consumir un tiempo y quizás prolongado, depende de cada uno y de la circunstancia. Pero al no haber elaboración psicológica en el medio, se recae. Ese es el punto. Cualquier situación de la vida que actúe como disparador para esa cabeza, para esa persona, es lo que provoca la recaída”.

 

Por último, Sebastián dijo: “Es fácil entrar y difícil salir pero se puede. Es como que recién ahora estamos siendo felices, sintiendo tranquilidad y eso es algo muy positivo. Estar con un grupo de gente que te quiere de verdad y no por un poco de droga o por plata es muy positivo”.