El Castillo de Vieyra: recuerdos de lo que ya no está

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Por Claudia Cagigas

El patrimonio arquitectónico de Entre Ríos es riquísimo. Sin embargo, día a día viejas construcciones desaparecen dando lugar a la modernidad. Santa Ana, una pequeña localidad del departamento Federación cercana a Chajarí, hace unos años quedó con un vacío infinito sobre la barranca que muere en el lago Salto Grande. En silencio y sin contradecir ninguna ley, el denominado Castillo de Vieyra, que se levantaba en zona rural, fue derrumbado por su actual propietario junto a la historia que atesoraba.

 

El origen del Castillo de Vieyra se remonta a fines del XIX, en tiempos en que el embajador canadiense Regis Pigeon y su esposa se radicaron en colonia La Matilde, ejido de Santa Ana. “Cuando uno dice ‘castillo’ se imagina una construcción feudal de la Edad Media, pero éste no fue así. Fue un castillo en la jerga regional, comparando con las otras casas que existían en los alrededores”, aclara el profesor César Manuel Varini, en una nota que consta en nuestro archivo y que fue realizada varios años atrás.

 

De acuerdo a lo que el historiador pudo saber, los canadienses llegaron a La Matilde invitados por Jaime Vieyra Gunther. “Parece ser que el ingeniero Jaime Vieyra Gunther era una persona que viajaba mucho y en Méjico conoció a este embajador jubilado, lo invitó a venir con su esposa y lo instaló en un campo de su propiedad. Luego se desvinculó del manejo de la estancia y el matrimonio quedó viviendo en el lugar”.

 

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Se supone que fueron ellos quienes construyeron la casona. Lo cierto es que a la muerte de ambos, las puertas se cerraron y el deterioro que imprime el paso del tiempo no perdonó. En la actualidad, el predio pertenece a la familia Dalzotto.

 

“Hace algunos años hablé con Reynaldo Dalzotto, un hombre de difícil acceso. El castillo estaba deshabitado, sucio, totalmente abandonado. Me explicó que no podía invertir en su reparación porque estaba condenado a desaparecer por el inminente aumento de la cota del lago Salto Grande”, sostuvo Varini.

 

Según el arquitecto Luis Morra, quien en esos años era asesor del municipio de Santa Ana, su propietario buscó, sin éxito, ayuda para preservarlo.

 

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El castillo ya no está. Pocos tuvieron la dicha de recorrer sus salas vacías, mientras algunos lo contemplan furtivamente desde las aguas del lago. Hoy, unas pocas imágenes lo inmortalizan y dan fe de que alguna vez existió.